LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

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LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

Mensaje  Loki[Admin] el Miér Mayo 26, 2010 1:00 am

LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE
por Salvador Sáinz
A Christie Levin
Prólogo
Sabe Dios que no creo demasiado en lo sobrenatural aunque las dudas
jamás desaparecen de mi mente, pero creyente o no el vampirismo me ha
fascinado por su ambigüedad moral y también porque es una metáfora de
la naturaleza humana.
El vampiro es un ser destructivo por naturaleza pero que es amado por
sus propias víctimas que se entregan sin vacilar, autodestruyéndose ciegamente
cayendo en sus brazos.
El ser de las tinieblas que nos destruye lentamente pero al que amamos
sin fisuras, no nos explicamos el porqué pero así sucede.
Todas las leyendas tienen una parte de fantasía pero también de realidad,
una realidad que en antiguas culturas nos es explicada de forma exagerada
buscando siempre la influencia de lo sobrenatural.
El no muerto, el nosferatu, existe porque nosotros lo hemos creado en
nuestro subconsciente. Le tememos pero al mismo tiempo no podemos
vivir sin él, en tiempos modernos podríamos hablar de drogas destructivas
que causan adicción o de hombres y mujeres enamorados de personas
que les causan toda clase de daños e incluso la muerte. Mujeres
enamoradas de su peor enemigo, asesinadas por la violencia de género,
por parejas a las que amaron y en muchos casos aún aman. Un amor fuera
de toda lógica como ilógica es la conducta humana.
Desde la antigua Babilonia y la antigua Grecia los humanos hemos escenificado
nuestros temores en los llamados mitos y el vampirismo es
uno de los más antiguos, sobreviviendo al paso de los años y engendrando
una literatura y una filmografía que ha generado auténticas fortunas.
¿Qué tiene el vampirismo que ha sobrevivido al paso de los tiempos, a
los ordenadores, a las nuevas tecnologías y a la revolución digital en el
cine?
A veces amamos lo que menos nos conviene, al ser que succiona nuestra
sangre, nuestra energía. Es nuestra propia ceguera lo que provoca que no
veamos las cosas tal como son.
El vampiro es un ser abominable pero le vemos hermoso y seductor.
Somos víctimas de nuestra propia contradicción, de nuestras limitaciones
y de nuestra debilidad humana.
El rey de las tinieblas chupa la sangre de sus víctimas para sobrevivir
pues en caso contrario fallecería, hemos de morir para que ellos vivan de
nosotros. Contundente metáfora de la ley de la selva que rige en nuestro
mundo desde la Edad de Piedra, aunque en este caso el tirano destructor
nos anula los sentidos y nos convierte en sus víctimas y en sus esclavos
hasta entregarnos a la larga noche que es la muerte.
Placer y muerte, Eros y Tanatos unidos. Dicen que la fuerza del vampiro
reside en que nadie cree en su existencia, pero nos equivocamos porque
sí existe en nuestro subconsciente aunque la literatura y el cine lo hallan
embellecido con buenas realizaciones y otras olvidables. No sólo existe
lo tangible que vemos con nuestros materialistas ojos, sino lo intangible
que no vemos pero sí sentimos.
Eso es el vampirismo, nuestra propia irracionalidad que nos lleva a amar
lo que nos destruye.
Salvador Sáinz
Reus, 6 de febrero 2005
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Capítulo 1º
Los orígenes del vampirismo
El origen del mito vampírico es incierto, aunque algunas fuentes ya lo
ubican en los albores de la Humanidad. Podemos remitirnos a los mitos
más antiguos existentes en nuestra civilización. Otros nombres por los
cuales son conocidos esos seres de la noche son upiros, redivivos,
revivientes o Nos-Feratus, seres que suelen despedir gran fetidez, que
duermen de día y que por la noche atacan a sus víctimas. Los vampiros
no se reflejan en los espejos, ni proyectan sombras, pero pueden
transformarse en cualquier especie animal, incluso en niebla, para
poderse desplazar. Les ahuyenta el ajo (la cruz y demás símbolos
religiosos en nuestra religión cristiana), la luz del día, y pueden morir
con una estaca de madera que les atraviese el corazón, decapitados o
bien utilizando la plata consagrada para herirles.
Se cree que el vampirismo es un estado intermedio entre la vida y la
muerte, por eso un upiro es un ser que vive entre dos mundos el de los
vivos y el de los muertos sin pertenecer a ninguno de ellos. Son altos,
fuertes, ágiles, de afiladas uñas y labios rojos. Dotados de gran
sensualidad consiguen atraer a sus víctimas que no tardarán en desearles,
anhelando su mordisco que les arrebate la sangre y la vida
convirtiéndoles asimismo en vampiros.
Un método para localizarles es montar a una muchacha (o muchacho)
virgen desnuda sobre un caballo de pelo negro, que jamás se haya
apareado, que deberá trotar sobre las sepulturas del cementerio, aquella
que se niegue a pisar por mucho que se le fuerce será la tumba de un
upiro.
Pero estos personajes que gracias al cine y a la televisión se han
convertido en auténticas celebridades también tuvieron su principio, sus
raíces que se remontan tal como hemos señalado a los albores de la
Humanidad. Por eso es preferible empezar desde el principio: la
aparición del Hombre sobre la tierra. La aparición del Hombre y, como
no, de la primera mujer.
En nuestra cultura judeocristiana (tan ¡ay! machista) existe el mito de
Lilith, la primera mujer, creada por Dios para compartir el Edén con
Adán, el primer hombre.
Es curioso que en nuestras escuelas tan cristianas donde los mitos del
Génesis son considerados personajes históricos, cuando en realidad no
son más que metáforas, se haya omitido por sistema el personaje de
Lilith diciéndonos que la primer mujer fue Eva, nacida posteriormente
de la costilla de Adán. Mi compañero Narcís Ribot, que es sacerdote y
además escritor cinematográfico, me dice que este pasaje es omitido de
la Biblia para no espantar a los niños que son educados en la religión
católica. Pero en estas líneas sí es oportuno hablar de este importante
mito.
Lilith, la primera mujer
En su importante estudio sobre el mito del vampirismo "Sang pour Sang"
(1993), Jean Marigny, importante erudito francés del tema, nos dice que
el vestigio más remoto que existe del upiro es un vaso prehistórico
descubierto en Persia ornamentado con un dibujo: un hombre lucha
contra un ser monstruoso que intenta absorberle la sangre. Montage
Summers nos habla de otro vaso (¿el mismo quizá?) donde aparece un
hombre copulando con un vampiro con la cabeza cortada.
Menos remota es la leyenda de Lilitú, de procedencia babilónica, que
trata de una pérfida mujer que se dedicaba a chupar la sangre de los
niños. En la China milenaria aparecieron leyendas hacia el siglo VI aC
(antes de Cristo), pero sensiblemente distintas a las que conocemos cuyo
origen es de tradición judeocristiana. Por eso consideramos a Lilith la
auténtica precursora del mito.
Lilith, predecesora de Eva, apenas se la nombra en las Sagradas
Escrituras. Isaías la citaba como una habitante de las ruinas desoladas,
apareciendo como Lillake en una tablilla sumeria del año 2000 aC, que
contenía la fíbula "Gigamesh y el sauce". Sus referencias más fiables
proceden del "Génesis Rabba" (1) según el cual Adán sentía envidia de
los animales de la Creación porque vivían en parejas y por eso intentó
acoplarse con las hembras de cada especie no encontrando satisfacción
en ninguna.
Para librarle de su desesperación, Dios creí la primera mujer utilizando
inmundicia y sedimento en vez de polvo puro. Algunas fuentes aseguran
que se utilizó un limón para su creación y que, por esta causa era un ser
maligno.
Adán y Lilith engendraron al diablo Asmodeo y otros demonios no
menos perversos. También se conocen amoríos carnales de nuestro
primer padre con la diablesa Naamí, con quien engendró multitud de
seres diabólicos,
La primera pareja humana fracasó porque la mujer no quería someterse
al hombre. Lilith no quería fornicar debajo de Adán, sino encima: "Yo
también fui hecha con polvo y por consiguiente soy tu igual" le dijo.
Como el primer hombre trató de someterla a su autoridad, Lilith le
abandonó.
Adán se lamentó de su suerte ante Dios quien envió a tres ángeles
(Senoy, Sansenoy y Semangelof) para traer de vuelta a la rebelde esposa
y la encontraron en el Mar Rojo, región habitada por los demonios más
lascivos, fornicando con ellos sin cesar. "Vuelve con Adán, ahora
mismo” dijeron los ángeles, "¿Por qué he de volver para vivir como una
ama de casa honesta después de mi permanencia en el Mar Rojo?"
respondió la mujer. "¡Morirás si te niegas!" replicaron los ángeles,
"¿Cómo puedo morir -volvió a preguntar Lilith- cuando Dios me ha
ordenado que me haga cargo de todos los niños recién nacidos: de los
niños hasta el octavo día de vida, el de la circuncisión, y de las niñas
hasta el vigésimo día? No obstante, si alguna vez veo vuestros tres
nombres o vuestra semejanza exhibidos en un amuleto sobre un niño
recién nacido, prometo perdonarlo".
Dios condenó a Lilith por su rebeldía y buscó nueva mujer para Adán,
inventando con ello el divorcio, y su nueva esposa se llamó Eva.
Los judíos creían en que las pérfidas Lilith y la diablesa Naamí atacaban
a los niños pequeños succionando su sangre y también que seducían a
los hombres que soñaban. Para ahuyentarlas había que escribir los
nombres de los mencionados ángeles en las puertas de las habitaciones
donde dormían los infantes, y más adelante la circuncisión libraba a los
varones de su influencia.
La palabra Lilith procede, según parece, de "layil" (noche) ya que sus
correrías eran siempre nocturnas y nunca atacaba de día. Pero a pesar de
todo, en Canaán, las mujeres la adoraban y en su honor practicaban la
promiscuidad sexual antes de su emparejamiento definitivo, incluso con
la aprobación de los sacerdotes. Los profetas sin embargo censuraban
enérgicamente su actitud.
Es de precisar aquí la misoginia de una sociedad profundamente
patriarcal como es la hebrea (y en consecuencia la nuestra, su heredera)
que considera la mujer como un ser inferior, por eso Lilith al negarse a
copular debajo del hombre exigiendo hacerlo encima subvierte
profundamente la autoridad que justifica la supuesta autoridad
masculina.
Su equivalente Lilití, en cambio, era de procedencia asirio-babilónica,
tenía alas y cabellos largos y revueltos, su cuerpo desnudo tenía a veces
forma de serpiente.
El mito del Diablo
El Sexto Día de la Creación, cuando Dios dio vida al primer hombre,
Adán, ordenó a todos sus arcángeles le rindieran pleitesía y se postraran
a sus pies. Un ángel se negó, Samael, alegando que él era superior en
inteligencia y que por tanto debía ser Adán quien se humillara ante su
presencia.
Samael, cuyo nombre significa "Veneno de Dios", es un personaje que
en su versión siria se llamaba Shemal. También conocido como Satín
(enemigo), era el Príncipe de la Cohorte Infernal a la que pertenecían
Lucifer (hijo de la Aurora), aunque haya fuentes que sostengan que
ambos personajes son uno sólo.
También había leyendas hebraicas que sostenían que fue Samael quien,
en realidad, engendró a Caín, el primer asesino de la Humanidad,
acostándose con Eva mediante un astuto ardid, explicándose así la
maldad esparcida sobre la tierra.
Revivientes de la Antigüedad
El comentarista Jerónimo en el siglo IV dC (después de Cristo),
identificó a Lilith con Lamia, una reina libia abandonada por Zeus a
quien Hera le robó sus hijos, por eso la desconsolada madre se dedicó a
robar los de otras mujeres. De gran belleza física, solía seducir a los
hombres y beberles la sangre cuando éstos dormían.
Las lamias tenían alguna semejanza con las sirenas. Su cuerpo terminaba
con colas de pez y en vez de manos tenían garras, cuando los viajeros
eran atraídos por la dulzura de sus cantos ellas se incorporaban
súbitamente, caían sobre ellos y los devoraban. (2)
Empusa (es decir, "forzadora") era un monstruo infernal, nacida al
parecer de la diosa Hécate, que tenía pies de bronce y comía carne
humana. Asustaba a los caminantes y a los durmientes, adoptando la
figura de una hermosa muchacha para unirse a ellos primero y chuparles
la sangre después hasta dejarles sin vida. A veces se la conoce con el
nombre de Mormo (loba espantosa).
La diosa Hécate, procedente de Caria, era diosa de la magia y de los
hechizos. Se aparecía a los magos en forma de animal, en las noches de
luna clara, y era la diosa de las almas de los muertos y estaba presente en
los nacimientos y en las defunciones. Las hechiceras que la adoraban
adquirieron la costumbre de copular montándose encima del macho,
como hacía la hebrea Lilith, y posteriormente las mujeres melanesias a
quienes les gustaba "cabalgar" sobre su pareja.
Otros mitos célebres fueron las estriges, seres femeninos monstruosos,
provistos de alas, gran cabeza y con uñas de ave de presa que también
chupaban la sangre de sus víctimas, generalmente recién nacidos,
aprovechando los momentos en que estaban solos en sus cunas. La ninfa
Carna, la diosa de los goznes, era su mayor enemiga, que tenía el poder
de ahuyentarlas y por esa razón era invocada para la protección de los
infantes.
Uno de los motivos por los cuales Nerón inició la persecución de los
cristianos es debida al hecho de que la plebe romana sentía hacia ellos
un gran temor. Se reunían de noche en las catacumbas, lugar donde
enterraban a los muertos, y se oía hablar de una extraía ceremonia, la
comunión, donde se bebía la sangre de Cristo. La imaginación popular se
disparó viendo, como es habitual, más de lo que había y se llegaron a
narrar horribles orgías sangrientas justificando así su política de
exterminio en la arena del circo.
Es a partir del siglo XI que comienzan a aparecer los primeros
testimonios fidedignos de cadáveres incorruptos. Collin de Plancy en su
”Diccionario infernal” (París, 1863) aporta las declaraciones del obispo
de Cahors en 1031, después del segundo concilio de Limonges, según el
cual, un caballero de su diócesis, muerto excomulgado, había sido
encontrado muy lejos de su tumba.
La noción de muerto viviente, bebedor de sangre, era una síntesis de
diversas leyendas paganas como las sagas nórdicas, el cristianismo
medieval, países escandinavos, sobretodo Islandia, y también de las islas
Británicas donde los Celtas aportaron sus creencias.
En Inglaterra aparecieron dos crónicas escritas en latín, “De Nugis
Curialium” (1193) de Walter Map e ”Historia Regis Anglicarum” (1196)
de William de Newburgh, en las que aparecían diversos relatos de
muertos excomulgados que salían cada noche de sus tumbas.
Sin embargo estas manifestaciones aisladas no suponen ningún indicio
de la existencia de vampiros ya que este mito se ha ido forjando a lo
largo de los tiempos.
La leyenda de Estruc
A pesar de la creencia general de que el vampirismo, tal como lo
entendemos habitualmente, procede de Transilvania, ya existía una
leyenda en el condado de Ampurias (actual Ampurdán) en el siglo XII
situado en la antiguamente llamada Catalunya Vella (es decir, aquella
que durante la invasión musulmana no fue sometida a las hordas
invasoras y permaneció cristiana), donde tuvo lugar la más escalofriante
de las historias de nosferatus o estrugas, palabra ésta derivada de
estriges. (3)
Algunos la ubican durante el reinado de Pere el Catòlic hacia 1212 pero
las fuentes más fidedignas la sitúan en 1173, año en que transcurre mi
novela “Estruc”. En aquellos tiempos se vivían continuos conflictos
entre la Corona de Aragón y Cataluña contra los reyes de Francia para
apoderarse de Occitania, territorio que pasó a pertenecer desde entonces
a la Federación catalanoaragonesa. El rey Alfonso II el Casto, era un
joven de diecisiete años y desde la muerte de su predecesor Ramón
Berenguer IV la tutoría de nuestras tierras estaba en manos del rey inglés
Enrique II de Plantagenet (padre de Ricardo Corazón de León, el mismo
de las cruzadas y las aventuras de Robín Hood) y del Obispo de
Barcelona Monseñor Guillem de Torroja.
El rey catalán tenía como enemigo principal al rey Llop (en castellano
“Lobo”) de Murcia y las incursiones en la Tarraconense eran frecuentes
y, al mismo tiempo, teníamos las luchas fronterizas del norte contra los
francos en la disputa de Occitania. Por eso el condado de Ampurias era
un hervidero de intrigas, luchas con castellanos e ingleses (aliados del
rey Alfonso) por un lado y por el otro los enemigos ya mencionados, sin
olvidarnos de los navarros siempre en liza con el reino de Aragón.
El conde Estruc fue un notable guerrero que siempre luchó en favor de la
Corona catalanoaragonesa y, en aquellos años, ya estaba en su senectud
por lo cual fue enviado a Llers, una pequeña villa cerca de Figueras,
donde existía otro enemigo esta vez interno: los paganos.
Parte de los catalanes del siglo XII aún vivían apegados a los antiguos
cultos iberos paganos, anteriores al Cristianismo, por lo cual éstos eran
un potencial aliado de los árabes o, tal vez, de los francos. Por esa razón
el viejo soldado tuvo que reprimir esos cultos ancestrales que aún creían
en la magia y las ciencias ocultas, origen de la actual creencia en brujas
y demás supersticiones, y obligar a los campesinos ampurdaneses a
abrazar la fe en Cristo.
Esta represión motivó que el anciano conde sufriera una maldición por
parte de sus víctimas y que tiempo después de su muerte natural, Estruc
rejuvenecido se levantara de la tumba convertido en reviviente
sembrando el terror por toda la Catalunya Vella.
Dicen las antiguas leyendas que sólo salía de noche para beber la sangre
de sus víctimas, gustaba seducir y violar a las mozas casaderas
dejándoles embarazadas. Al cabo de nueve meses las desafortunadas
parían pequeños monstruos que morían no más nacer ya que, según las
tradiciones antiguas (curiosamente idénticas tanto en Cataluña como en
Transilvania) un vampiro no puede tener hijos.(4)
El rey Alfonso II tenía no pocos disgustos en aquellos tiempos y la
población estaba realmente aterrorizada. La gente tenía miedo de salir de
noche, todos llevaban ajos y crucifijos para protegerse del terrible
nosferatu y ya nadie podía dormir en paz hasta que una anciana religiosa
encontró la tumba del conde Estruc y le clavó la estaca en el corazón,
desapareciendo para siempre la maldición.
Pero el recuerdo del vampiro sobrevivió al paso del tiempo y aún queda
el dicho “tenir malastruc” o “mala astrugancia” para definir a quién tiene
mala fortuna. Incluso durante generaciones las madres catalanas
amenazaban a sus hijos con llamar al conde Estruc si no eran buenos y
no hacían lo que se les mandaba.
En el mismo Llers, un poblado donde sopla con gran fuerza la
Tramontana del Canigó, un viento frío y áspero que los antiguos
habitantes achacaban a unas brujas legendarias, (5) las célebres brujas de
Llers que dominaban los aires. El agudo silbido del viento, según las
creencias populares, era motivado por la furia de estas mujeres. En
Transilvania existía un mito semejante, las ”Ieles” (es decir “las Ellas”),
cuyo paralelismo es sorprendente.
Otra leyenda catalana célebre es la de los dips, nombre que se les dio a
una especie de perros vampiros (o perros estrugas) que existieron en
unas praderas situadas a unos cuantos kilómetros al sur de Reus. Por esa
razón se creí un pueblo llamado Pratdip, cuyo nombre es una unión de la
palabra Prat (pradera) y dip que en su escudo incluye la figura de un can
harto significativa. (6)
Empero, la importancia del conde Estruc es decisiva en la evolución del
mito vampírico aunque en aquel tiempo no se le conocía con tal nombre,
y podemos considerarle como el primer upiro de la Historia tal como lo
entendemos actualmente. (7)
Es sabido que en aquellos años, Ricardo Corazón de León, futuro rey de
Inglaterra, residía en la misma zona en que se desarrolló la leyenda del
conde Estruc ya que fue enviado por su padre Enrique II de Plantagenet
para participar en las Guerras del Rosellón, (Cool a favor de la corona
aragonesa y catalana contra los francos estableciéndose en Perpiñán, a
muy escasas leguas de Figueras y de Llers. Tal vez este dato justifique
que, tras la Tercera Cruzada acontecida entre 1190 y 1192, el mito pase
al Este de Europa.
Es sabido que Ricardo de Inglaterra atravesó el Danubio, camino de
Tierra Santa, y que a su regreso en 1193 fue hecho prisionero por
Leopoldo, duque de Austria, quien solicitó un fuerte rescate
originándose en Inglaterra el conflicto que hemos visto en las películas
de Robín Hood. El rey inglés estuvo encerrado en el castillo austriaco de
Tierenstein, muy cercano a Transilvania, y cosa curiosa es a finales del
siglo XII que estas leyendas irrumpen en los Cárpatos.
Los revivientes masculinos fueron llamados “strigoí” y los femeninos
“strigoaíaca”, como vemos su fonética es muy semejante a la palabra
”estriges”, el mito griego, pero también a “estruga”, la leyenda catalana.
La expansión del mito
Si las islas británicas y Cataluña conocieron las primeras
manifestaciones vampíricas, fue el siglo XIV cuando éstas comenzaron a
tener fuerza de forma masiva como consecuencia de las epidemias de
peste que asolaron el Este europeo, en concreto la Prusia oriental, Silesia
y Bohemia.
Michael Ranft en su "De Masticatione in Tumulis Liber" (1728) nos
contó cómo, en aquel azaroso tiempo, millares de personas caían
abatidas por esta cruel enfermedad y enterradas en fosas comunes pero,
por diversas circunstancias, muchos individuos dados por muertos al
recuperarse trataban en vano de desenterrarse. Los más afortunados, es
decir, los que estaban enterrados encima podían por fin salir de nuevo a
la superficie provocando el pánico entre las gentes de la época quienes
creían que aquella reaparición era debía a las artes maléficas reavivando
aún más las supersticiones y en consecuencia el mito del reviviente.
En 1343, en Lauenbrug, el barón prusiano Steino de Retten, al que se le
creyó muerto de peste, fue inhumado como era de ley en un hombre de
su alta alcurnia. Sin embargo, no fue así, ya que muchos campesinos
aseguraron haberle visto rondando por los alrededores.
La autoridad competente abrió la sepultura para decapitarle y darle la
paz a su atormentada alma. Estos hechos específicos no fueron casos
aislados e hicieron mucho para avivar la creencia en los seres de
ultratumba.
Un caso célebre, ya del siglo XIV, fue sin duda el del francés Gilles de
Rais (1400/1440), compañero de armas de Juana de Arco (1412/1431),
quien tras las campañas bélicas en contra del invasor inglés, fue
traicionada por sus propios hombres y acusada de brujería, siendo
finalmente quemada en la hoguera.
Disuelto su ejército, Gilles de Rais se retiró a Machecoul y a Tiffauges
donde se dedicó a la alquimia pensando encontrar en la sangre la piedra
filosofal, madre de toda la Sabiduría, estudios que despertaron sus
instintos perversos. Para ello utilizó como cobayas a trescientos niños a
los que asesinó con unas torturas completamente atroces. Siendo
descubierto y procesado fue condenado a morir, pero su figura no tenía
ninguna relación con el vampirismo hasta que J. K. Huysmans publicó
"Allí abajo" (1891), donde presentí a Gilles de Rais erróneamente como
un vampiro.
Pero sin duda el personaje más célebre del siglo XIV, en el aspecto que
nos concierne, sea el de Vlad Tepes, un descendiente del mismísimo

Atila, el rey de los hunos, aunque nosotros le conozcamos por su apodo
que le ha hecho archipopular: Drácula.
El verdadero Drácula
Sin duda alguna, para algo es el protagonista de este libro, el vampiro
más célebre de la Historia es sin duda la del conde Drácula a pesar de
que su leyenda como reviviente no exista de hecho, al contrario del
conde Estruc (o Estruch, ya que la “ch” final pertenece a reglas
gramaticales catalanas más recientes) que sí fue conocido por sus
andanzas vampíricas pero cuya existencia no ha trascendido hasta muy
recientemente.
Drácula en realidad no era conde, pero sí un príncipe de Valaquia temido
por su rigor y por su crueldad, recordado a través de un libro “La novela
de Drácula” (1480) del escritor ruso Ivan Kouritsine, muy revelador de
su personalidad.
Dicho volumen, muy popular en todas las Rusias, escrito en un viejo
eslavo, era una recopilación de las antiguas narraciones sobre este
personaje que el autor, un embajador ruso en Moldavia, había escuchado
de las gentes del lugar y sintiéndose tan fascinado no dudó en escribirlas
para contarlas a futuras generaciones.
Vlad IV Tepes (1430/1476) era conocido como “El Empalador” al norte
del río Danubio, precisamente la zona que atravesaron los cruzados para
viajar hacia Tierra Santa. La palabra “Tepes” o “Tsepech”, en antiguo
eslavo, quiere decir “el que empala a la buena gente”, “Vlad” significa
“el que tiene el poder”.
La palabra “Drácula” o “Drakula”, como también se le conoció, proviene
del vocablo “drakon” que puede traducirse como “dragón, serpiente
monstruosa y nefasta, plenipotenciaria de las Fuerzas del Mal”. Algunas
leyendas orales afirman que el “drakon” solía renacer de sus cenizas
cuan Ave Fénix. Por eso este título lo solían llevar emperadores,
caudillos y grandes guerreros como Vlad III, perteneciente a una orden
de caballería, “la Orden del Dragón”, creada por el emperador
Sigismond de Hungría, y destinada a combatir a los musulmanes que en
aquel tiempo intentaban invadir Europa por el Este. El Sultán
Mohammed II, tras conquistar Constantinopla, tenía planes
expansionistas que ponía seriamente en peligro la paz en el mundo
cristiano.
En consecuencia, la palabra “Drácula” podría significar “hijo del
dragón” (y no hijo del Diablo, como suele publicar la prensa española),
porque el “la” final venía a significar “hijo de…” en aquel idioma.
Pero ¿quién era ese misterioso personaje que tras su olvido se convirtió
en un mito cinco siglos después de su existencia?
Nacido en Sigishoara, en la región de Bistriata, Vlad IV fue el segundo
hijo de un gran guerrero, y en consecuencia educado como tal, pero que
también sabía leer y escribir. Era un hombre que incluso sentía
atracciones artísticas y dotado de una gran fe inculcada por los popes
que vivían en su castillo.
En 1442, Vlad III fue capturado por los turcos que aceptaron liberarle si
se entregaban como rehenes sus dos hijos, Radu y Vlad, quien entonces
tenía doce años. En sus meses de cautiverio, éste adquirió un fuerte
sentimiento de odio hacia sus carceleros.
Su padre muere en el campo de batalla en 1456, heredando el título de
príncipe de Valaquia-Moldavia, y el título del voivoda, con el cual
combatió a los turcos quienes mientras él vivió fueron incapaces de
cruzar la frontera del río Danubio.
Las antiguas crónicas nos lo presentan como un hombre cruel aunque
muy patriota, razón por lo cual fue reivindicado en el siglo XX por el
régimen comunista, antes de su inesperada caída. (9) Vlad IV fue
apodado Tepes porque gustaba empalar a sus enemigos tras la toma de
una ciudad. El hedor de la muerte le fascinaba y según cuentas antiguas
crónicas el día 2 de abril de 1459 organizó un banquete enmedio de un
campo con millares de turcos empalados.
El voivoda disfrutaba con sus gemidos de dolor. Se cuenta que un día
una de sus futuras víctimas no podía soportar el hedor de la muerte e
hizo un gesto de rechazo. Vlad le preguntó el porque de aquel gesto, y el
reo le respondió “es que no puedo soportar el hedor”. Drácula le hizo
empalar con un palo mucho más largo para que sobresaliera sobre los
demás, diciéndole: “Este palo te elevará por encima de las contingencias
de este bajo mundo y de tus semejantes -precisando- de forma que este
olor ya no te molestará más”.
El rey Mathias Korvine de Hungría le envió a su embajador. Drácula le
recibió como de costumbre y le mostró un palo especial, dorado y
repleto de ornamentos.
- Dime -preguntó el voivoda- ¿a quién crees he destinado este
instrumento?
- Sin duda su excelencia -respondió el embajador- querrá honrar algún
alto dignatario de una muerte acorde a su rango?
- Eres muy perspicaz -sentenció Drácula-, querido amigo, porque es a ti
mismo a quien he destinado este palo extraordinario.
Tras el festín, Drácula ordenó que le rompieran sus miembros para
satisfacer su fantasía, luego le cortaron sus miembros y finalmente, el
propio voivoda le empaló delante de todos los presentes.
Unos embajadores turcos se negaron a quitarse sus turbantes delante de
su presencia, en consecuencia ordenó que se los clavaran para que no
pudieran sacárselos nunca más. En la Navidad de 1459, hizo empalar en
Targovise a quinientos boyardos.
Otra anécdota no menos truculenta se refiere a que promulgó una Ley
prohibiendo la mentira bajo pena de muerte. Se cuenta que Drácula tuvo
una amante gitana incapaz de satisfacerle sexualmente, pero un mal día
la mujer viéndose fracasar le confesó que estaba embarazada. “Mientes”
le dijo el voivoda, para comprobarlo le abrió el vientre con una espada
corta y tras comprobar la mentira le gritó “¡Ya veo que me has
mentido!”.
El sentido de la caridad de ese personaje no tenía igual. Por ejemplo ideó
un curioso sistema para acabar con la mendicidad. Un día reunió a todos
los mendigos del país en un gran festín, hartándoles de comer y de beber.
Finalmente incendió la mansión abrasándolos a todos, eliminando así la
miseria durante una generación.
En sus últimos años, Drácula abandonó la religión ortodoxa para abrazar
el catolicismo. en el campo de batalla se distinguía como el más bravo de
todos sus hombres, pero la traición acechaba. Sus mismos compañeros
de armas le acorralaron y le dieron muerte, en 1476, beneficiando así al
Sultán turco que tuvo así paso franco para la invasión del Este europeo.
Pero los misterios no acabaron aquí. Algún tiempo después de su muerte,
algunos lugareños aseguraron ver al difunto Vlad Tepes en lo alto de una
colina.
Finalmente, en 1931, Florescu y Rosetti, dos arqueólogos rumanos,
iniciaron una investigación para encontrar los restos mortales de
Drácula, llegando al monasterio de Snagov. Ante su sorpresa
descubrieron que el sarcófago estaba vacío. (10)
Evolución del mito
En la segunda mitad del siglo XVI, con la aparición de la Reforma
protestante, el mito fue consagrándose gracias a una larga serie de
epidemias de peste que asoló Europa. Lutero y Calvino, sus máximos
artífices, pusieron en duda la autoridad romana en cuestiones religiosas,
y en cierto modo sus respectivas doctrinas motivaron la evolución de las
leyendas de revivientes causados porque en estas epidemias solían
enterrarse prematuramente individuos dados por muertos pero que, al
despertar en su sepultura, se desenterraba fácilmente provocando el
pánico al regresar a sus hogares.
No debemos olvidar que los entierros de los apestados solían hacerse en
fosas comunes, con los cadáveres apilados, por los que los situados
encima recibían escasas paletadas de tierra y en caso de despertar con un
leve movimiento de manos conseguían acceder a la superficie, mientras
los enterrados debajo perecían asfixiados.
El pastor luterano Georg Ríhrer informa al propio Lutero hacia 1552 de
unos hechos acontecidos en Prusia y Silesia, donde solían enterrar los
cadáveres con una piedra en la boca para que éstos (según sus creencias)
no se devoraran entre sí. Esos seres de ultratumba recibían el nombre de
"Nachzehrer", que quiere decir "depredador".
Los calvinistas suizos, al negar la existencia del purgatorio, creían por su
parte que esos casos de "muertos vivientes" estaban causados por la
brujería. Louis Lavater, uno de sus principales teólogos, sostenía en un
tratado fechado en 1581 que esos espectros y revivientes eran demonios
que adoptaban los cuerpos de los difuntos para aterrorizar a los
creyentes.
El rey Jaime IV de Escocia (futuro rey de Inglaterra con el nombre de
Jaime I) publica su "Demonología" en 1597 utilizando las mismas tesis
que su antecesor suizo.
La condesa sangrienta
Si Drácula vivió en los Cárpatos Orientales, en el otro extremo de la
cordillera en forma de herradura, en los Occidentales, aconteció un siglo
y medio después otros hechos no menos insólitos. En 1560 nació
Erzsebet Bathory última descendiente de una familia noble pero en
franca decadencia que se quedaba plasmada en varios casos de sadismo
y prácticas satánicas.
Un tío suyo la inició en las artes de la hechicería y una tía suya lesbiana
la influenció en sus inclinaciones sáficas. En su familia tenía de todo, un
príncipe de Transilvania, el primer ministro del rey de Polonia,
gobernadores, jueces, nobles que lucharon contra los turcos destacando
por su valentía y arrojo, pero asimismo por su locura.
En 1575, Erzsebet contrajo matrimonio con el conde Ferencz Nadasdy,
las fiestas por sus nupcias duraron más de un mes. El emperador
germánico Maximiliano II y Rodolfo, rey de los Magiares, les enviaron
suntuosos regalos reuniéndose lo más selecto de la nobleza europea en el
castillo de Varanno para asistir a la ceremonia.
Pero después del matrimonio, la hermosa esposa rehusó adoptar el
apellido del marido: "Nací como Bathory, viviré como una Bathory y
así moriré".
La tristemente célebre condesa Bathory fue pasando los años en la
soledad de su castillo ya que su esposo dedicaba más tiempo a la guerra
contra el ejército turco del sultán Amurat III que a satisfacer sus
necesidades sexuales. Ferencz era un hombre muy extraño, capaz de
cometer las mayores atrocidades en el campo de batalla, pero en la vida
civil era un ser extremadamente pacífico que jamás levantó la voz a sus
criados.
El matrimonio tenía diecisiete castillos repartidos en lugares como la
propia Viena, pero también en Lezticzí, Keresztír, Sarvar, Becko y el
más importante de todos, el de Csejthe, su residencia principal, donde
contaba además con una pequeña morada adicional al pie del mismo.
Hacia 1600, un misterioso caballero muy joven y apuesto apareció por
los bosques cercanos al castillo de Csejthe, los campesinos se
santiguaban al verle diciendo que era un strigoi. Durante varios meses la
pareja huyó del lugar y nadie tuvo ninguna noticia al respecto, ni
siquiera el conde Nadasdy quien al volver de la guerra encontró que su
esposa había huido, pero no le dio ninguna importancia a este hecho.
Cuando la condesa regresó de su aventura, Ferencz ni siquiera se
molestó en hacerle ningún reproche. La paz del lugar acabó en 1604 tras
la muerte del esposo, entonces la personalidad de la llamada condesa
sangrienta comenzó a aflorar terriblemente. Erzsebet gustaba morder a
sus criadas y clavarles largas agujas de oro complaciéndose en el goteo
de su sangre.
Thorko, un servidor, le introdujo en la magia negra, ayudada por su
nodriza Ilona Joo, su mayordomo Johannes Ujvary y una bruja llamada
Darvula Anna. La cohorte de la condesa no podía ser más pintoresca. Su
enano bufón Ficzko se unió al clan de torturadores.
Un hecho fue trascendental cuando al tratar de asesinar a una anciana,
esta le dijo 'Algún día serás como yo". La condesa aterrorizada regresó a
su castillo. Creyendo que era la sangre lo que le devolvería la perdida
juventud, ordenó el secuestro y asesinato de seiscientas doncellas para
poderse bañar en su sangre.
Los campesinos estaban aterrorizados, pero nadie se atrevía a
denunciarla porque era una noble y en aquel tiempo la nobleza era
propietaria de la vida de sus siervos.
Todos los detalles de estos crímenes son verdaderamente espeluznantes,
la condesa se creía además que podía dominar a los gatos y que éstos
formarían un ejército para defenderla componiendo cantos que
estremecían de pavor a nobles y plebeyos: "¡Isten, ayúdame! ¡Isten,
ayúdame! ¡Pequeña nube, ayúdame también! Dadme salud, protección y
larga vida. Pequeña nube, cuando el peligro me aceche, envíame noventa
y nueve gatos. Te lo ordeno yo, Erzsebet Bathory, porque soy
comandante suprema de los gatos. Ordénales a ellos. Di a los gatos que
se reúnan, ya están en la montaña, agua, ríos o mares. Ordena a los
noventa y nueve gatos que vengan a morder el Corazón del rey Mathias.
Ordénales que muerdan el Corazón de Megyery El Rojo. Y salva de todo
daño a Erzsebet".
Las tres hijas de la condesa, que se habían casado, ignoraban las
actividades sanguinarias de su madre y fue precisamente Megyery El
Rojo, el tutor de la menor Pal, quien descubrió esos crímenes y los
denunció al paladín Gyírgy Thurzo quien irrumpió en el castillo de
Csejthe el 30 de diciembre de 1610 por orden del rey Mathias.
Durante los meses de enero y febrero de 1611 tuvo lugar el juicio
presidido por Theodosius Sirmiensis de Suzlo asistido por veinte
magistrados. La condesa y sus cómplices fueron acusados de asesinato,
traición al Estado, brujería y vampirismo. La nodriza Ilona Joo y el
sirviente Thorko fueron quemados vivos, los demás fueron decapitados a
excepción de Erzsebet quien, al ser noble, no podía tener tal fin y por
esta razón el Tribunal ordenó que fuera tapiada en su habitación del
castillo de Csejthe donde vivió tres años sin que nadie pudiera hablar
con ella. Murió súbitamente sin luz y sin cruz el 21 de agosto de 1614,
por la noche.
Al igual que el caso de Vlad Tepes, la condesa Bathory no tenía nada
que ver con el vampirismo aunque fueran las supersticiones de los
lugareños quienes así lo creyeron. En aquellos años tan conflictivos, la
creencia en los revivientes tenía gran fuerza y no sólo en ellos, sino
también en los licántropos, los célebres hombres-lobo (o mujeres-lobo)
que se extendió por la Europa Oriental, pero también apareció en

Galicia. Al ser la licantropía un tema completamente distinto al aquí
tratado lo pasaremos de largo, centrándonos en el del vampirismo que es
el que aquí nos interesa.
La Edad de Oro del vampirismo
A pesar de que el vampirismo ya existía en los albores de la Humanidad,
fue en la primera mitad del siglo XVIII cuando por fin adquirió las
características que conocemos en la actualidad. De hecho, en la época de
personajes como el conde Estruc en Cataluña, estos fenómenos fueron
esporádicos, aislados, aunque no por ello menos importantes, y en el
caso de Transilvania (una palabra que significa “a través del bosque”)
las leyendas apenas transgredieron sus fronteras naturales hasta que una
larga epidemia de peste, iniciada en 1710 en Prusia oriental, asoló
Austria, Serbia, Prusia, Polonia, Moravia y Rusia, llegando incluso a
Marsella.
En el mencionado año, las autoridades prusianas desenterraban
cementerios enteros en busca del vampiro a quien clavar la estaca en el
Corazón. La epidemia fue pues el detonante que extendió dicha creencia
por toda Europa llegando a lugares donde jamás se había oído hablar de
los revivientes.
El húngaro Pierre Plogojowitz, muerto en 1725, fue acusado de
convertirse en vampiro y de asesinar ocho personas en su aldea Kizilova;
Arnold Paole, fallecido en 1726, sufrió la misma suerte esta vez en el
pueblo serbio Medwegya.
El caso nombrado en primer lugar fue objeto de una investigación y de
un informe oficial escrito en lengua alemana, encontrado recientemente
en los Archivos municipales de Viena por el profesor Antoine Faivre,
donde por vez primera aparece la palabra serbia "vanpir" (sanguijuela),
expresión que rápidamente pasó a los diferentes idiomas occidentales, y
que en castellano adoptó la derivación oportuna, Vampiro, con la cual
les conocemos actualmente.
Aparecen también los primeros tratados científicos sobre el tema,
publicados en Leipzig. El primero de ellos fue "Dissertatio historicaphilosophica
de Masticatione Mortuorum" (1679) de Philip Rohr, quien
atribuía dicho fenómeno a la posesión de los cuerpos fallecidos por el
propio Maligno. Más célebre fue "De Masticatione Mortuorum in
Tumulis Liber" (1728) de Michael Ranft, quien oponiéndose a las teorías
de Rohr, negaba que los demonios tuvieran el suficiente poder para
apoderarse de los cuerpos de los difuntos.
La Iglesia no podía permanecer muda en tan acalorado debate y fue el
francés Dom Augustin Calmet (1672-1757), un monje benedictino de la
abadía de Sínones, quien en 1746 publicó en París dos importantes
volúmenes sobre el tema: "Traité sur les revenants en corps, les
excommuniés, les oupires ou vampires, broucolaques de Hongrie, de
Moravia, etc.", conocido en su versión castellana como "Tratados sobre
los vampiros", (11) de importancia capital para los interesados por el
tema.
Es hasta aquí que el mito evoluciona, adquiere su propia personalidad
para convertirse no sólo en una leyenda popular sino en uno de los
principales temas literarios de la novela gótica, el teatro, y
posteriormente el cine y la televisión.
Al ser los personajes de ficción lo que más nos interesan aquí, sobretodo
la figura del conde Drácula que el cine ha convertido en un fenómeno de
masas pondremos fin a este primer Capítulo mediante el cual hemos ido
conociendo la evolución de las creencias de los vampiros a lo largo de la
historia.
Capítulo 2
El vampiro literario
Si nos olvidamos de los tratados sobre vampirismo ya mencionados
anteriormente, el vampiro literario de ficción aparecerá a lo largo del
siglo XIX gracias al Romanticismo, un importante movimiento cultural
que se distinguía sobretodo por la sublimación de los sentidos sobre el
impersonal racionalismo. Una de sus características más fundamentales
fue el deseo de romper con toda regla de composición literaria, propia
del clasicismo, rechazando la ideología y la filosofía racionalistas y
materialistas, valores éstos que han predominado por absoluta desgracia
en el siglo XX.
En otras palabras, se trataba de romper con una cultura encorsetada,
totalmente carente de ideas y de imaginación, tan vulgar como anodina,
y valorar por encima de todo al Hombre y a la Mujer, considerados
centros del Universo y de nuestra Civilización.
Los escritores románticos amaban el paisaje, la naturaleza, el
sentimiento, y les gustaban ambientar sus historias en el pasado,
concretamente la Edad Media, interesándose también en lo sobrenatural.
Aunque el vampiro literario naciera fugazmente en breves poemas del
siglo anterior, su figura fue casi siempre metafórica. El alemán
Ossenfelder escribió ya en 1748 los primeros sonetos al tema que nos
ocupa; Francisco Goya en su serie de pinturas, "Los caprichos", que
datan de 1793, ya hizo aparecer vampiros en sus lienzos. Hemos de
resaltar aquí que en estos cuadros ya aparece el célebre quiróptero que
los conquistadores españoles encontraron en sus primeras incursiones en
América. En 1761, el naturalista Buffon llamó "vampiros" a una de sus
especies porque acostumbraban a beberse la sangre del ganado. (12)
Tanto en los poemas "Lenore" (1773) de Bérger, como "La novia de
Corinto" (1797) de Goethe, el vampiro realizó sus primeras apariciones
en el mundo de las letras, aunque más en plano metafórico que real,
siguiendo la seductora Geraldine en "Christabel" (1816) de Coleridge;
"La Bella Dama sin gracia" (1818) y "Lamia" (1820), ambas de Keats,
pero fue sin duda John William Polidori (1795-1821) quien publicó en el
"New Monthly Magazine" la primera narración en prosa del tema, "El
vampiro" (1819), aunque en esta primera aparición en sociedad fue
atribuida con evidente mala fe al poeta Lord Byron.
El origen de esta singular novela tuvo lugar en la legendaria velada en
Villa Diodati, cerca de Ginebra, en julio de 1816 donde residían los
escritores ingleses Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851), su marido
el poeta Percy Bysshe Shelley (1792-1822), Lord George Gordon Byron
(1788-1824) y Polidori, quienes para matar el aburrimiento decidieron
apostar en escribir en el más breve plazo de tiempo una novela de terror.
Sólo cumplieron la apuesta la mencionada Mary W. Shelley, creando la
importante novela "El moderno Prometeo" (1818), más conocida como
"Frankenstein", y naturalmente Polidori.
El relato "El vampiro" fue iniciada de hecho por Lord Byron, pero esta
novela protagonizada por un reviviente llamado Darvell no se concluyó
jamás. Aburrido por la historia, que no le interesaba en demasía, se la
narró a Polidori, su secretario y su médico, quien se mostró muy
interesado por tan apasionante trama. Polidori estaba completamente
harto de estar a la sombra de su mentor, aspiraba a más y agobiado por el
mal trato que recibía decidió abandonarle en 1817 para regresar a
Inglaterra e iniciar la redacción de su célebre obra.
El vampiro Darvell cambió de nombre en la nueva versión, pasando a
convertirse en Lord Rutheven, seductor cínico y desalmado que en
muchos aspectos recuerda al propio Lord Byron como represalia por su
tiránico comportamiento en su estancia en Suiza.
La novela fue un éxito arrollador, tal vez debido al prestigio del afamado
poeta, motivando que la trama pasara rápidamente al teatro. Primero en
forma de melodrama adaptado por Nodier en 1820, más tarde fue el
propio Alejandro Dumas quien la reconvirtió de nuevo en formato teatral
en 1851, tal como había hecho con sus legendarias novelas de
mosqueteros.
Sin pretenderlo, Polidori creí las raíces de la literatura fantástica gótica,
el vampiro aristocrático que vive en un solitario castillo en tierras
extraías, características que luego aparecerían en otros relatos
posteriores: los Karnstein, los Drácula, los Estruc, pertenecen todos a la
alta nobleza feudal, caballeros victoriosos en mil batallas pero caídos en
desgracia por una fatalidad.
El mito de Frankenstein, tan caro al cine fantástico de la Universal y,
posteriormente, de la Hammer, también participa de idénticos
planteamientos. En cambio la licantropía carece de una base literaria
sólida, el mito de “El doctor Jekyll y míster Hyde”, creado en 1886 por
Robert Louis Stevenson (1850-1894), no tiene nada que ver pese a tratar
también el tema de la doble personalidad.
El vampiro presenta innumerables posibilidades a nivel literario como
cinematográfico, el propio Baudelaire publica en 1866 "La metamorfosis
del vampiro". "Varney, el vampiro" se convertirá en un antihéroe
popular, protagonista de un folletín, novelas por entregas, que a partir de
1840 aterrorizó a los lectores ingleses quienes devoraban sus aventuras
con total avidez. Editado por Edward Lloyd, dos oscuros escritores
fueron los presuntos responsables de su redacción, Thomas Preskett
Prest y James Malcolm Rymer. Sir Francis Varney a lo largo de 220
Capítulos y 886 páginas tuvo innumerables víctimas, adoptó múltiples
personalidades hasta lanzarse al Vesubio en el último Capítulo
desengañado de la raza humana. En 1847 sus aventuras fueron
reconvertidas en una novela íntegra .
También la vieja Rusia se unió a la literatura vampírica aportando dos
obras de excepción: “La familia Wurdalak” (1847) de Alexis Tolstoi
cuenta la escalofriante vampirización de una modesta familia de
campesinos de las Estepas. “Wurdalak” es la palabra que define al
reviviente en aquellas tierras, según sus propias tradiciones, y la novela
muestra una visión completamente desgarrada e insólita del tema que
nos ocupa.
La otra obra es “Vij” (1835) de Nicolás Gogol (1809-1852), muy alejado
de su célebre “Taras Bulba”, con el estudiante que debe pasar una noche
entre seres malignos salvándose sólo por su fe en Jesucristo.
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LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

Mensaje  Loki[Admin] el Miér Mayo 26, 2010 1:01 am

Dos vampiras femeninas hacen su aparición como consecuencia del
éxito de la novela de Polidori, la deliciosa Clarimonde de "La muerta
enamorada" (1836) de Théophile Gautier presentaba un caso de amor
más allí de la muerte, pero la más seductora reviviente fue sin duda la
exquisita Mircalla Von Karnstein, la protagonista de "Carmilla" (1871)
del irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, caracterizada por sus tonos
lésbicos y escandalosos para la moral de la época.
De hecho el vampiro es un personaje transgresor de la moral
convencional. Mircalla subvierte no sólo la moral cristiana (anglicana,
luterana, católica o calvinista) sino los convencionalismos de la puritana
sociedad inglesa que la vio nacer. En Inglaterra la homosexualidad
estaba considerada un acto criminal, sobretodo la femenina que ha sido
la más perseguida, y la vampira vive su amor lésbico sin ningún pudor ni
traba moral.
“Carmilla” se convirtió en la novela favorita del joven estudiante de la
Universidad de Dublín, el Trinity College, llamado Bram Stoker,
condicionado su próxima vocación literaria. Stoker le debe bastante a Le
Fanu en el plano creativo y, aunque “Carmilla” no sea tan célebre como
“Drácula” sí debemos reconocer sus innumerables valores y la
fascinación que desprende su lectura figurando, al menos para mi gusto,
entre las mejores novelas góticas de todos los tiempos.
Bram Stoker
Abraham Stoker nació en Dublín, Irlanda, el 8 de noviembre de 1847.
Los ocho primeros años de su vida los pasó encerrados en su habitación
porque adquirió una enfermedad infantil que no le dejaba levantarse. En
su larga convalecencia sus mayores le contaban antiguas leyendas
irlandesas que no hicieron más que avivar su imaginación. A los
dieciséis años, el joven Abraham pudo entrar en la Universidad de
Dublín, Trinity College, donde le habían precedido otros autores
irlandeses como Maturin, O'Brien, Jonathan Swift ("Los viajes de
Gulliver") y Joseph Sheridan Le Fanu.
Tras finalizar con brillantez sus estudios universitarios, el futuro escritor
pasó a la Administración pública trabajando en el Dublín Castle, donde
ya estaba colocado su padre desde hace mucho tiempo, y paralelamente
comenzó su carrera como crítico teatral en el Dublín Mail. Esta pasión
por el teatro fue fundamental para el neófito escritor ya que le permitió
conocer al actor Henry Irving, muy célebre tanto en Irlanda como en
Inglaterra, que entonces estaba en gira por Dublín naciendo una gran
amistad entre ambos.
Años más tarde, Irving le ofreció a Stoker la dirección del Lyceum
Theatre de Londres que dirigía hasta entonces pero que decidió dejar
para centrarse más en su carrera interpretativa. Antes de aceptar el cargo
dudó porque tenía gran porvenir en la Administración de Justicia y
además se había desposado con Florence Balcome a quién conoció en
una fiesta que dio Oscar Wilde en Dublín.
El matrimonio Stoker finalmente decidió hacer las maletas y viajar en
1878 a la capital inglesa para iniciar una nueva etapa en sus vidas
dedicada al teatro y a la literatura. En 1879 el matrimonio tuvo su único
hijo, Noel, y ya en 1882, Bram Stoker publicó su primer libro "Under the
Sunset" (Bajo el crepúsculo), una recopilación de cuentos infantiles, y a
partir de aquí a intervalos irregulares comenzó a publicar diversos libros
de relatos, novelas y también artículos en la prensa diaria.
En aquella época tuvo lugar su afiliación a la Golden Dawn in the Outer,
una célebre secta secreta donde pertenecía la gente más importante de
Londres donde conoció al Dr. Arminius Vambery, profesor de lenguas
orientales, muy versado en los cuentos y leyendas de los países del Este
europeo donde se oían muchas narraciones de vampiros.
Llevado por la curiosidad, Stoker comenzó a interesarse cada vez más en
estos fenómenos y nunca se perdía una conferencia que tratara de estos
temas que empezaron a ponerse en boga en la sociedad inglesa.
Encerrándose en las salas de lectura del British Museum, repleta de
viejos manuscritos, se dedicó a estudiar mapas y libros de viajes en los
Balcanes ya que deseaba que su próxima novela fuera perfecta. De
hecho fue la novela de su vida y necesitó diez años de su vida de
búsquedas y diversas escrituras para que finalmente pudiera ver la luz
creando el vampiro más fascinante de todos los tiempos, el conde
Drácula.
"Drácula" apareció en 1897, editados por Archibald Constable y
Compañía, aunque Oscar Wilde la consideró como la novela más
hermosa del siglo XIX la crítica fue muy negativa, Sir Henry Irving no
terminó de leerla siquiera, aunque no es de extrañar su desprecio por la
novela porque el célebre actor solía tratar muy mal a Stoker.
Un nuevo mito literario acababa de nacer a pesar de todo. Porque los
mitos siempre son creados a través del tiempo. El genio de Van Gogh o
Mozart fueron reconocidos tras su muerte, Miguel de Cervantes fue
perseguido en vida y reconocido como genio tras su óbito. Los
verdaderos creadores jamás han estado comprometidos con el poder, por
ésto sobreviven el paso del tiempo. En cambio los talentos de la época
están actualmente olvidados. (13)
Muchos analistas han desmenuzado la novela para ver en ella reflejados
una serie de personajes reales, práctica común de casi todos los
escritores utilizan este sistema para adquirir mas verosimilitud a su
relato. Jonathan Harker estaba inspirado en Joseph Harker, decorador del
Lyceum, y también con el mismo Stoker ya que ambos tenían la misma
profesión, pasante de notario.
El profesor Abraham Van Helsing, enemigo acérrimo de Drácula, estaba
inspirado en Abraham Stoker, padre del escritor, y el doctor Seward
corresponde a Oscar Wilde, su amigo y rival por el amor de Florence,
quien finalmente se decidió por Bram. La propia Florence y la actriz
Ellen Terry, que actuaba en el Lyceum, sirvieron de modelo a los
personajes femeninos de la novela Lucy y Mina respectivamente. Según
Frederick Donaghey, amigo personal de Stoker, el personaje de Drácula
era una mezcla de diversos personajes célebres de la escena como
Matthias de “The Bells”, Shylock, Mefistófeles, Pedro el Grande, el
malvado de “The Lyons Mail”, Luis XI y muchas personalidades más.
Tras "Drácula", Bram Stoker continuó su carrera literaria aunque jamás
alcanzó el mismo nivel: "La joya de las siete estrellas" (1903) y "La
guarida del gusano blanco" (1911). Esta novela fue la última del autor
irlandés, quien falleció una tarde de abril de 1912 en su domicilio
londinense de St. George Square. Padecía desde hace varios años el mal
de Bright que le dejó ciego al final de su vida.
En 1914, Florence Stoker publicó "El invitado de Drácula", colección de
narraciones cortas inéditas de su marido entre ellas el célebre prólogo de
su inmortal novela que los editores habían amputado porque la
consideraban excesivamente larga.
Pero fue en el naciente cinematógrafo que el conde Drácula adquirió
popularidad. Ya en 1915, al crearse la productora Universal, los estudios
se interesaron en adaptar al cine la novela “Drácula” pero la
desestimaron porque los lectores de guiones y proyectos -unos
espécimenes nefastos caracterizados por su bajo nivel intelectual- dieron
informes negativos basándose en que era “demasiado literario”. En 1920
se realiza una ignota adaptación cinematográfica rusa, el húngaro Karoly
Lajthay realizó la segunda versión, "Drakula" (1921), que
posteriormente se perdió, y Murnau inició meses después el rodaje de su
célebre "Nosferatu, el vampiro" (1922).
En este año, Florence Stoker presentí una denuncia por plagio contra la
productora de este film, Varna Films, porque no había comprado los
correspondientes derechos de autor, razón por la cual el guionista Henrik
Galeen cambió los nombres de todos los personajes.
En julio de 1925 los tribunales ingleses ordenaron el embargo y
destrucción de todas las copias del film de Murnau, embargo que no se
cumplió afortunadamente y pudimos disfrutar con las hermosas
imágenes de Fritz Arno Wagner. El mito cinematográfico había nacido
ya y su importancia indiscutible en una larga filmografía con excelentes
títulos aunque, por desgracia, tengamos que soportar otros de muy mala
calidad donde el nombre de Drácula fue tomado en vano.
Drácula en la escena
El 18 de mayo de 1897 fue la fecha del debut de Drácula en la escena,
fue en el Royal Lyceum Theatre, situado en Wellington Street, una única
representación de cuatro horas en la que obra fue adaptada por el propio
Stoker a un prólogo y cinco actos. Los espectadores eran los amigos
íntimos de Bram Stoker y Henry Irving, promotor de la obra, y el primer
Drácula de la historia se llamaba escuetamente Mr. Jones. Aunque la
adaptación gustara no era del agrado de Irving, quien nunca sintió
ningún aprecio por Stoker, pero encantó a un joven actor de la compañía,
Hamilton Deane, un irlandés que se enamoró de la novela pero que por
respeto a su autor era incapaz de modificar ni una sola línea.
Fue en 1902, cuando se cerró el Lyceum, que Deane inició su nueva
singladura con una compañía teatral propia que recorrió con gran éxito
Inglaterra y los Estados Unidos.
En 1912, cuando falleció Stoker, Deane se empeñó en adaptar la obra
pero ningún escritor se prestó a ello por considerar la obra de pésimo
gusto. En 1922, Deane se quedó perplejo por la adaptación que Murnau
realizó en cine, “Nosferatu, el vampiro” fue un total fracaso comercial en
su época y además sus autores se vieron perseguidos por un pleito que
les interpuso la viuda de Stoker como todos sabemos ya.
Un año después, el esforzado actor se puso en contacto con Florence
Stoker para proponerle un proyecto, adaptar “Drácula” a la escena que
entusiasmó a la viuda que enseguida le cedió los derechos del libro.
Esta nueva versión fue adaptada por el propio Hamilton Deane, que
redujo el texto original a tres actor y un prologo, pasando toda la acción
en Inglaterra y se estrenó en junio de 1924 en el gran teatro de Derby, en
el West End, con un éxito impresionante que duró hasta… ¡1941!
Diecisiete años de representación ininterrumpidas, tanto en giras por
Inglaterra como en los propios Estados Unidos. El papel de Van Helsing
se lo reservó el propio Deane, mientras que Raymond Huntley fue el
conde Drácula, cautivando a propios y extraños.
Aunque el éxito fue impresionante, Florence Stoker no estaba del todo
satisfecha y encargó a Charles Morrell una nueva adaptación
representada en septiembre de 1927 con el deseo de preservar los valores
literarios del original, ausentes en la anterior adaptación teatral, pero el
fracaso fue total. Mientras tanto, el americano John Baldestone,
convenció a Hamilton Deane para redactar conjuntamente una nueva
versión teatral para llevarla a Broadway. El día 5 de octubre de 1927,
“Drácula” debuta en el Fulton Theatre de Nueva York con Terence Neil
(Jonathan Harker), Dorothy Peterson (Lucy Harker), Bernard Jukes
(Renfield), Herbert Bunston (Dr. Seward), Edward Van Sloan (Abraham
Van Helsing) y un legendario actor húngaro como conde Drácula, Bela
Lugosi, cuya carrera cinematográfica se detallará en otra parte de este
libro.
La compañía además recorrió todos los Estados Unidos, llegando a
representarse en Los Angeles y catapultando a su intérprete al cine
norteamericano. Se dio la circunstancia extraía de que más tarde, los dos
Dráculas teatrales, Bela Lugosi y Raymond Huntley, compitieron por
encarnar al célebre vampiro en el cine con victoria del primero, pero eso
es ya otra historia.
Lugosi repitió personaje en la escena en 1943, fue una gira en época de
guerra y resulta curioso que esta reposición del “Drácula” de John
Baldestone y Hamilton Deane triunfara cuando la carrera
cinematográfica del húngaro entraba ya en un irreversible declive que le
hundiría de forma irremediable. Finalmente, en 1951, se realizó una
segunda reposición en 1951. Fue el 16 de junio de aquel año cuando se
estrenó en el Teatro Real de Brighton, Inglaterra, la nueva versión de
“Drácula” con Sheila Wynn (Lucy), Arthur Hoskins (Dr. Seward) y John
Saunders (Van Helsing), pero el espectáculo sólo duró un mes. Lugosi se
veía ya demasiado viejo para el personaje y estaba ya cansado. Fue
precisamente con este atuendo con el cual fue incinerado tras su muerte
el 16 de agosto de 1956, y con el cual apareció en unas escenas de su
último film, “Plan Nine From Outer Space”.
Otras adaptaciones célebres fueron “I Was a Teenage Dracula” en 1956,
adaptada por Gene Donovan; “The Revenge of Dracula” en 1960, por
Charles Jackson; “Dracula” (1970) de Líon Katz; “Bram Stoker’s
Dracula” (1975) de Peter Wyngarde.
En 1978, la obra teatral de John Baldestone y Hamilton Deane, volvií a
los escenarios de Broadway con Frank Langella, uno de los mejores
Drácula de la escena y de la pantalla, ya que un año después marchó a la
Gran Bretaña para protagonizar la versión de John Badham, mientras
tanto, en las mismas fechas, la adaptación inglesa estrenada en el West
End de Londres fracasó con estrépito, a pesar del gran esfuerzo
interpretativo de Terence Stamp, un actor muy adecuado y de gran
talento pero aquejado de un exceso de divismo que ha arruinado su
carrera artística teatral y cinematográfica. Cuando en 1980, Stamp rodó
en España “Misterio en la isla de los monstruos” de Juan Piquer, con
Peter Cushing, el equipo español se quedó prácticamente traumatizado
por el pésimo carácter del actor británico.
En España es de destacar la adaptación de “Drácula” que realizó Manuel
Soriano Torres en 1945, estrenándose el 9 de enero de aquel año en el
Teatro Romea de Barcelona, protagonizada por el excelente actor
Enrique Rambal cuyo éxito durante tres años. Los derechos de autor
cobrados por los herederos de Stoker subían a 5.000 pesetas (y no es
broma), una cantidad importante en la época, y la compañía viajaba en
todos los países de habla hispana representando la obra con gran éxito
fueran donde fueran. El reparto de esta compañía familiar, dirigida por el
propio Rambal, era el que sigue: Enrique Rambal (Drácula), Enrique
Rambal hijo (Jonathan Harker), María Villa (Guillermina Murray,
Mina), Enriqueta Rambal, la hija (Lucía Westenra), Julio Gorostegui
(Juan Seward), Luis Bellido (Arturo Holmwood).
En cambio la versión de 1972, escrita por Carlos Borge y protagonizada
por José Ruiz Linfante como Drácula no tuvo demasiado éxito, a pesar
de contar con la experta dirección de Carlos Ballesteros.
Otro patinazo impresionante fue la versión de la obra de Hamilton Deane
y John L. Balderstone presentada en el Teatro de la Comedia de Madrid
en noviembre de 1978, siendo retirada en enero de 1979. El director
Jaime Azpilicueta cometió el error de despreciar la obra convirtiéndola
en una farsa. Cuando Van Helsing le decía al vampiro “Faltan cuatro
minutos para la salida del sol”, Drácula le respondía “Gracias por
recordarme la hora”. El gran Narciso Ibáñez Menta fue este Van Helsing
español, mientras que el conde Drácula fue encarnado por un actor muy
adecuado, José Luis Pellicena, que en otras manos más firmes hubiera
podido salir airoso del trance. Cristina Galbó fue Lucy y Jaime Blanch
su novio Jonathan. La poca gracia de la adaptación provocó un fuerte
rechazo del público y su prematura retirada de cartel.
Por si fuera poco, nuestro reviviente preferido se pone a cantar en
“Drácula, el musical”, llevada a los escenarios de Barcelona a finales de
1994. Espectáculo creado por Pepe Cibrian Campoy y Angel Mahler,
con cincuenta Intérpretes y la Orquesta del Conservatorio del Liceo
barcelonés. Con esta obra, el personaje de Bram Stoker demuestra de
nuevo su gran vitalidad.
La sombra de Drácula
El siglo XX nos trajo el neoclasicismo, el cinematógrafo y el triunfo del
materialismo dividido en dos frentes absolutos. Por una parte el
materialismo de los países socialistas que al negar la existencia de lo
sobrenatural arrinconó toda expresión cultural fantástica.
Por contra, el materialismo capitalista convirtió la literatura del género
en una simple mercancía, razón por la cual las grandes editoriales se
dedicaron a la fabricación masiva de subproductos cada vez más
adocenados donde la componente subversiva y romántica del género
quedó completamente diluida.
Si la cantidad producida ha sido extraordinaria, la calidad ha sido muy
escasa. El siglo XX ha sido el siglo de la literatura light, la literatura
obsoleta, de libros de leer, tirar y olvidar, modas fabricadas mediante el
marketing, los estudios de mercado y razonamientos exclusivamente
mercantiles.
Al expirar los derechos de la novela de Stoker, el personaje pasé a
convertirse de dominio público. Eso no se supo hasta tiempo después,
pero Manly Wade Wellman publicó en la revista “Unknown Worlds” en
junio de 1943 las primeras aventuras de un conde Drácula apócrifo, “The
Devil is Not Mocked”, llevada posteriormente a la televisión.
Richard Mathenson no fue menos, con “Drink My Blood” (1951) recrea
la cinefilia de un personaje, fanático de las películas de Drácula, que
acaba viviendo en la realidad lo que tanto le atrajo desde la pantalla.
La primera novela protagonizada por el célebre vampiro (exceptuando la
obra original, claro) fue “Count Dracula’s Canadian Affair” (1960) de
Otto Friedrich, aunque la inspiraciín no vino del libro de Bram Stoker
sino de la película de Terence Fisher que en su época fue un auténtico
bombazo.
No olvidemos la costumbre de novelar las películas del momento como
“Drácula, Prince of Darkness” (1967) de John Burke o “The Scars of
Dracula” (1971) de Angus Hall, ambas inspiradas en las cintas de la
Hammer. Son obritas escasamente interesantes y oportunistas,
generalmente redactadas por escritores de quinta categoría.
“The Dracula Archives” (1972) de Raymond Rudorff, “Dracula in Love”
(1979) de John Sirley, son nuevas aventuras apícrifas de nuestro querido
reviviente.
Entre 1973 y 1975, Robert Lory publicó una serie de nueve títulos donde
el conde transilvano se convierte en una especie de James Bond maligno.
“Dracula Returns!”, “Dracula Gold” y “Challenge to Dracula” entre
otras no fueron más oportunistas recreaciones ávidas de conseguir ventas
fáciles. En la misma línea Peter Tremayne, especialista de la literatura de
terror, recreó al vampiro en “Dracula Unborn” (también conocida como
“Bloodright: Memoirs of Mircea, Son of Dracula, 1977), “The Revenge
of Dracula” (1979) y “Dracula, My Love” (1980). En ellas se presentaba
a un vampiro endemoniado, con gran rigor en la erudición histórica
aunque jamás iguale la obra original ni de lejos.
El sobrevalorado Fred Saberhagen se ha caracterizado en publicar
novelas apócrifas sobre el conde Drácula como “La voz de Drácula”
(The Dracula Tape, 1975), “An Old Friend of the Family”, “A Matter of
Time”, “A Question of Time”, “Thorn” y otras bastardías donde el
personaje es completamente desvirtuado para mayor delicia de los
mercaderes del sopor. En la misma línea, Kim Newman publica “El año
de Drácula” (1994) para narrarnos qué hubiera pasado si el conde
hubiera derrotado al profesor Van Helsing al final de la novela de
Stoker. ¡Qué listos! ¿No?
Brian W. Aldiss en “Dracula Unbound” (1991), una novela de ciencia
ficción, nos presenta a Drácula como Jefe de Gobierno en un mundo
futuro gobernado por los vampiros. Señalemos también las antologías
“The Ultimate Dracula”, editada por Byron Preiss, y “Dracula: Prince of
Darkness”, recopilada por Martin Greenberg. En la primera aparecen
diecinueve relatos, aunque sólo cinco de ellos protagonizados por
nuestro personaje: “The Tenth Scholar” de Melanie y Steve Rasnic Tem;
uno de Edward Hoch; “The Contagion” de Janet Asimov; “Much at
Stake” de Kevin Anderson, una narración que nos cuenta cómo Bela
Lugosi soñaba con ser Vlad El Empalador; y “The Name of Fear” de
Lawrence Watt-Evans.
Aparte de todo el mito del vampiro parece convertirse en anacrónico en
el mundo moderno, tan impersonal como masificador, pero a pesar de
todo siempre existen las rarezas, las obras fuera de lo común que
destacan por encima de tanta vulgaridad. Anna Rice entre 1976 y 1988
nos ofrece la saga de Lestat leído en “Crónicas vampíricas”
(”Confesiones de un vampiro”, “Lestat, el vampiro” y “La reina de los
condenados”), la célebre trilogía nos presenta un reviviente roquero y
evidentemente la confrontación con el mundo moderno le resulta
perjudicial. Otra novela interesante de tema vampírico es sin duda
“Sueño del Fevre” (1982) de George r. R. Martin.
Stephen King tampoco quiso ser menos, con “Salem” consigue crearnos
un relato agobiante y atractivo recurriendo a una pequeña comunidad
americana. Sin embargo, la novela moderna que más me ha interesado ha
sido “Yo soy leyenda” (I am Legend, 1954) de Richard Mathenson, el
frustrado proyecto de Terence Fisher, que ha padecido un par de
versiones cinematográficas poco imaginativas.
Lo más importante de la novela de Mathenson es que por fin subvierte el
maniqueísmo de estos relatos al mostrarnos al planeta Tierra en poder de
los vampiros. El último humano se dedica a clavarles la estaca por el
Corazón durante el día para librarse de ellos, pero la conclusión del libro
no puede ser más irónica.
Al preguntarle los vampiros porque se dedica a clavar estacas en el
Corazón, el humano les responde “Por que sois unos monstruos”, los
vampiros reaccionan gritando “Pero ¡si el monstruo eres tú! ¿quién es el
diferente? ¿quién perturba nuestra paz?”.
Realmente Mathenson tiene razón al llegar a la conclusión de que el
monstruo, el anormal, es aquel que es diferente a todos los dimís. En una
sociedad de humanos, el anormal es el vampiro, pero en una sociedad de
vampiros el anormal es el humano.
En nuestro país, dos novelas tratan de narrar las andanzas de vampiros
autóctonos. Uno, Onofre de Dip, Señor de Pratdip, conocido tras ”Las
historias naturales” (1960) de Joan Perucho, ambientado durante la
guerra carlista en el Maestrazgo. De hecho, la leyenda natural de la
pequeña villa de Pratdip se refieren a unos perros vampiros, tal como he
contado en otro lugar del libro, siendo este personaje completamente
ficticio aunque no por ello menos interesante.
Dos, el conde Estruc, recuperado en mi novela “Estruc” (1991) cuya
leyenda ya ha sido comentada más atrás. Es completamente risible la
opinión (manifestada en la desaparecida revista “Fangoria”) de que el
lector español no acepta un relato de vampiros ambientado en nuestro
país, nada más lejos de la realidad. El género fantástico está apoyado en
la confrontación de dos mundos, el real y el imaginario. si el real falla, el
imaginario no resulta creíble tal como ocurrió en muchos títulos del cine
fantástico español (o subproductos foráneos que también los hay) que
mostraban una realidad falsa convirtiendo en carnavalesca la aparición
del monstruo.
Don Guifred Estruc y su hija Doña Núria son enviados por el rey
Alfonso II “el Casto” al castillo de Llers para investigar los ritos ocultos
de una secta pagana, adoradora del gran Shub-Niggurath El Negro, (14)
pero una serie de asesinatos, entre ellos los del propio conde, motivará
que éste se convierta en vampiro seduciendo a su propia hija.
“Estruc” pretende ser una novela gótica y romántica que intenta
recuperar la atmósfera de la literatura vampírica del siglo XIX, incluso
muchos lectores han llegado a creerse que ha sido escrita hace más de
cien años.
Los últimos años la literatura vampírica editada a granel se ha apartado
de su verdadera esencia, convirtiéndose en impersonales productos de
marketing. Pero en estas líneas, lo que más nos interesa es el personaje
de Drácula, (15) y más en concreto sus adaptaciones cinematográficas
muy fecundas convirtiéndose así en uno de los personajes más célebres
de todo el siglo XX, dándose la circunstancia de que cuando todos los
ilusos de rigor ya habían firmado el acta de defunción del mito,
creyéndolo del pasado y obsoleto, Francis Ford Coppola lo resucita con
una versión discutible pero no desprovista de interés, grandes hallazgos
visuales, arrasando las carteleras mundiales, los video-clubs, y poniendo
en solfa a los agoreros que habían pretendido convertirle en una reliquia.
Se ignora que los mitos, si vencen al paso del tiempo, es porque son
eternos. Un mito no es sólo una novela o una película célebre, sino su
propio significado. El vampiro en realidad es una metáfora del ser
despótico que anula la voluntad del prójimo. Cuando el Generalísimo
Franco vivía siempre recibía toda suerte de aclamaciones a su paso, la
oposición al Régimen era débil y clandestina; tras su muerte, su
influencia se desvaneció en la nada por arte de encantamiento y sus
sucesores nos han mostrado con obsesiva constancia todos sus defectos.
Sin embargo, los líderes que le han seguido parecen haber sido poseídos
por su espíritu adoptando posiciones claramente caudillistas aceptadas
de forma acrítica por sus numerosos seguidores. ¿Existe un vampirismo
sociológico? Evidentemente sí, pero ya existen antropólogos más
expertos en estos menesteres, y si hemos de ser sinceros a mí sólo me
interesa el cine porque me declaro completamente alérgico a la política
española.
Capitulo 3
El Vampirismo real:
El vampirismo cinematográfico y el mitológico es el que más ha interesado
al público por todos sus aspectos románticos, aunque en los últimos
años el romanticismo parece estar de capa caída en esta era de los ordenadores,
informática, nuevas tecnologías en donde todo se vuelve aséptico.
Si las creencias religiosas están entrando en una profunda crisis también
entra el crisis la creencia en los antagonistas naturales de Dios como son
el diablo, las brujas o los magos.
El materialismo va ganando adeptos día a día. Se disfraza de agnosticismo,
pero las iglesias cada vez están más vacías, cada vez hay menos vocaciones
sacerdotales, la espiritualidad remite y en consecuencia la creencia
en los seres de las tinieblas. Las creencias en Dios o en el Diablo
son consideradas atrasadas o propio de gente ignorante pero, como
siempre ha sido, todo puede ser transitorio. La evolución de la sociedad
puede ser imprevisible porque el futuro es incierto y es algo que escribimos
día a día.
Aparte de los vampiros antes descritos ¿hay otros vampiros reales? Naturalmente
que sí aunque nada se parezcan a los mitológicos por lo que los
puristas no los consideren como tales.
En 2003 las autoridades británicas se alarmaron porque crecía el aumento
del culto al vampirismo entre los jóvenes.
Allan Menzies, un joven escocés de 22 años, se hizo un corte para echar
su sangre sobre una taza que obligó a beber a Thomas McKendrick al
que asesinó posteriormente. El pueblo escocés en donde ocurrió tal execrable
acción quedó conmocionada, la policía se alertó de que estos casos
comenzaran a ser frecuentes en la Gran Bretaña.
El joven escocés deseaba convertirse en inmortal mediante este rictus
que en realidad demuestra que, a pesar de los tiempos modernos y del
gran avance de la ciencia, la ignorancia no ha retrocedido aunque adopte
nuevas formas.
La madre de Thomas cuenta que se encontró al extraño Allan en un supermercado
y éste le preguntó cómo lavar las manchas de sangre de la
ropa. La mujer siempre encontró raro al muchacho, al que creía amigo de
su hijo, pero el horror se apoderó de ella y de toda la comunidad tres semanas
después cuando el cadáver del desafortunado descuartizado tras
haber sido apuñalado 42 veces y recibido 10 martillazos en la cabeza.
Los forenses dictaminaron que antes de ponerle de costado para extraerle
su sangre, se comió parte de su cabeza. Durante el juicio, el asesino declaró
no sentirse arrepentido por lo que había hecho y aseguró que lo
volvería hacer si naciera de nuevo.
Aparecieron los puritanos de siempre que culparon a la influencia del
cine de vampiros de ese crimen, pero los expertos negaron tal influencia
causa efecto. Otro joven, intentando imitar a Dick Van Dyke en “Mary
Poppins”, quiso repetir el baile de los deshollinadores en los tejados de
su casa cayendo al vacío y acabando con su vida. No por ello se va a
prohibir al famoso musical de la Disney por considerarla peligrosa, porque
el peligro no está en la películas sino en la propia mente enferma de
quien malinterpreta la ficción fílmica y trata de llevarla a ala realidad.
Efectivamente la conde Bathory, el conde Estruch o el príncipe Vlad Tepes,
no habían visto películas porque no se habían inventado pero sus
crímenes existieron igualmente debido a trastornos mentales que en
aquellos tiempos no se conocían.
Todo aquello que se desconoce, que no se explica racionalmente, las
mentes irracionales le dan una explicación irracional, como son las leyendas
de vampiros ya conocidas y de las que he hablado en otras partes
de este libro.
Por lo tanto, obrando en consecuencia, aparte del vampirismo mitológico
existe otra más real, más cruel y más desagradable, que obedece a ciertos
factores internos de la mente humana no a un estúpido mimetismo. Las
películas de vampiros son espectáculos más o menos divertidos pero que
carecen de la menor trascendencia, habrá buenas obras maestras y numerosos
bodrios de baja estofa a las que ciertos “aficionados” rinden un insano
culto. Si no existieran esos bodrios adorarían otras cosas no menos
letales o incluso peores que una filmografía que vista con serenidad se
me antoja infantil.
Hematodixia:
Se llama así a los vampiros reales, los que están vivos y no pertenecen a
las antiguas leyendas. Son gentes que en apariencia es muy normal pero
que necesitan sangre para poder vivir (la palabra hemato proviene del
latín y quiere decir sangre). En tratados de vampirismo se les llama así,
pero en realidad esconde una anemia perniciosa, falta de Vitamina B12
que es debido a carencias en la sangre y por ello los glóbulos rojos no
maduran correctamente.
A medida que la enfermedad progresa se producen cambios en la columna
vertebral, con gran debilidad, entumecimiento de las piernas, dificultad
para respirar, diarreas, vómitos, pérdida de peso, palidez en las mejillas
y otros síntomas parecidos a los no muertos de las antiguas leyendas.
Fue a partir de 1926 que se descubrió el remedio a esta enfermedad con
el suministro de la vitamina B12 y ácidos fólicos, muy concentrados, y
que se encuentran en el hígado de algunos animales.
Pero hasta que no fue descubierta y correctamente analizada esta patología,
la imaginación popular provocó que quien la padeciera era adjetivada
como vampira a la que enseguida le endosaron cualidades mágicas.
Un caso que heló la sangre de la opinión pública fue en Barcelona, en
marzo de 1912, cuando se arrestó a Enriqueta Martí, mendiga de día y
dama de alto copete por la noche.
Vendía pócimas, ungüentos y demás zarandajas a los chicos y chicas de
la ciudad condal. Era famosa porque la llamaron bruja. En esta fecha la
policía consiguió rescatar a una jovencita llamada Angelita de las zarpas
de esta truculenta señora. Un caso que provocó numerosos escalofríos en
la época aunque un par de décadas después realidades más duras como la
guerra civil provocaron que cayera en el olvido.
Según las crónicas policiales, Enriqueta pretendió que Angelita comiera
carne cruda de otro muchacho que había raptado y asesinado ayudada de
varios sicarios.
Engañaban a los niños prometiéndoles golosinas y después los asesinaban,
les bebían su sangre y devoraban su carne.
Cuando fue detenida la acusaron de seis muertos, aunque se cree que
fueron 22.
Ella misma se autoinculpó durante el juicio y fue ejecutada por orden judicial.
Otras fuentes aseguran que fueron las propias reclusas quienes le
dieron muerte horrorizadas por sus crímenes.
Sin embargo la “vampira de Barcelona” provocó el horror durante dos
décadas, las madres contaban su historia para asustar a sus hijos y enseñarles
que jamás deben confiar en personas desconocidas.
Pero la historia convulsa de España en aquellos tiempos que desembocó
en una tragedia multitudinaria como fue la Guerra Civil, repleta de
crímenes horribles, provocó que Enriqueta pasara de ser un monstruo a
un personaje cotidiano porque su crueldad fue superada por la realidad
de la calle.
Algunos malintencionados consideran ciertas ideologías políticas o cierta
forma de religión (Karl Marx consideraba a la religión como a un
vampiro que obnubila la mente del pueblo) como vampirismo intelectual, pero según mi criterio mejor sería definirlas como aborregamiento
que es harina de otro costal y que no procede tratar aquí.
La Porfiria
La porfiria es una enfermedad que han sufrido muchas personas que han
sido acusadas de vampiras. ¿En qué consiste dicha patología? En que
unos compuestos químicos, las porfirinas, se acumulan en la piel. Algunas
de ellas sufren una reacción alérgica a la luz lo que provoca negativas
consecuencias como que la piel se recubra de ampollas y se destruyan
los tejidos cercanos, provocando corrosión en los huesos. A la larga
vienen las anemias y algunos síntomas parecidos al caso anterior, la
Hematodixia. Nos encontramos con personas que sienten alergia a la luz,
que sufren malformaciones en encías, labios, y reacción adversa a los
ajos, que contienen sustancias químicas que producen el rechazo del organismo
a sus componentes.
Tal como vemos son síntomas muy parecidos a la de los vampiros de las
leyendas y de eso se desprende que en realidad, bajo una ficción adornada
de truculencias, haya esta realidad médica que en su tiempo era también
desconocida.
Quienes padecen esta enfermedad no suelen salir de día, evitan a toda
costa la luz solar porque les daña. Corroe sus huesos y a su piel. Viven
prácticamente como si fueran nosferatus aunque en realidad no son seres
peligrosos de ningún modo. La patología criminal siempre obedece a
otros factores más de tipo coyuntural, motivado por la presión del entorno
y de su educación, experiencia o demás factores que condicionan la
vida individual.
La porfiria en otras épocas podía haber sido motivada por la naturaleza
endogámica de antiguas poblaciones. Se habla de un pueblo de los Pirineos
catalanes que en la Edad Media tenían la costumbre de aparearse
entre hermanos, al no recibir sangre nueva las siguientes generaciones
éstas se mal formaron creando un pueblo de enanos que eran colocados
en las cortes y castillos feudales como bufones.
La explicación médica del vampirismo destruye en cierto modo la leyenda
de corte romántico como fue el caso del conde Estruch, pero no por
ello la literatura y las películas dedicadas a esos personajes dejan de tener
su encanto porque una cosa es la realidad y otra la ficción.
La fantasía es útil en nuestra vida porque siempre nos permite ver más
allá de lo cognoscible, de la realidad inmediata. En cierta forma es la
fantasía lo que mueve el mundo, lo que ha conseguido que la humanidad
avance y que algunos insensatos descubrieran que la Tierra se mueve,
que es redonda y que más allá del Atlántico está América. En una película
de José Antonio Nieves Conde, “Los peces rojos”, un editor negaba
verosimilitud a la imaginación de un escritor. Éste le respondía: “lo que
nos diferencia a los humanos del resto de los seres vivientes es la fantasía,
la imaginación. Las cosas más cotidianas también las hacen las bestias”.
Por todo eso, aún descubriendo que tras las leyendas vampíricas hay una
realidad médica o patologías mentales no es necesario desdeñar toda su
carga imaginaria. Porque la imaginación y la fantasía es útil a nuestra sociedad
siempre y cuando sepamos separar lo que es real y lo que no lo
es. La imaginación siempre nos ha ayudado a superar problemas cotidianos,
a buscar soluciones allí donde no las haya, a ver más allá de lo que
generalmente nos rodea.
Vampirismo Psíquico
Suelo ser muy escéptico en los llamados fenómenos parapsicológicos pero
en este libro trato de explicar unos fenómenos independientemente de
si creo o no en su existencia. Por eso voy a ceñirme a lo que se cree y no
en lo que creo personalmente. Este es el caso del vampirismo psíquico o
energéticos.
Se nos habla de que todos tenemos un aura más o menos desarrollado,
algo que nos envuelve y que nos da fuerza y energía. si perdemos el aura
nos debilitamos y existe el caso del llamado vampirismo enérgico
psíquico que es aquel que absorbe nuestra aura dejándonos en la inanición
o en la nada, tal como vimos en la película "Fuerza Vital" con Mathilda
May.
Se hace referencia a los personajes que son capaces de anularnos, de dejarnos
completamente vacíos de energía, provocándonos durante varios
días mareos, dolores de cabeza, nauseas, fatiga crónica.
A veces el vampirismo se asocia con el poder, más el poder mental que
el económico. Por ejemplo, la adoración a ciertos líderes de índole política,
religiosa, incluso podríamos hablar de adoración abusiva de ídolos
del cine, el fútbol, la canción, provocando en los individuos anulación
progresiva de su personalidad. La fascinación que nos producen esos
iconos nos crea una falta de criterio propio, una subordinación o un lavado
de cerebro encaminada a la mitificación casi religiosa de los mismos.
En ese sentido el vampiro psíquico hace sus estragos. El ver todo desde
un punto de vista falso sólo para seguir las pautas de la idolatría. Una
idolatría que llega a extremos esperpénticos.
Nos hablan de personas cuyo trato provoca que perdamos toda su energía,
porque son personajes absorbentes que tratan de que veamos el mundo
con los ojos que a él le convienen. Ese tipo de vampirismo sólo tiene
éxito si somos débiles de espíritu o de intelecto. Una persona de carácter
fuerte, con creencias sólidas, es más difícil de ser víctima de esos ataques.
Esos vampiros energéticos psíquicos pueden parecer personas muy seguras
en sí mismas, pero no lo son. A veces tras ellos suelen esconderse
personajes débiles de carácter que necesitan autoafirmarse negando a los
demás su propia personalidad.
Es decir que basan sus presuntas fuerzas en las debilidades ajenas. Necesitan
una adulación total, seguidores, acólitos, lacayos, que les den constantemente
la razón en todo y que les mitifiquen llevándoles a los altares
como si hablasen ex-catedra, dogmatizando cada una de sus afirmaciones.
Ya hemos hecho referencia a los personajes más famosos, podríamos
hablar de la aparición de contenido ideológico o religioso, políticos como
podría ser Karl Marx al que siguieron multitud de seguidores mitificando
cada una de sus frases. limitando todo su razonamiento a repetir
frase por frase lo que decía el gran filósofo sin analizar su contenido. Es
lo que en ciertos ambientes llamados sectores "aborregados" su mimetismo
carece del más mínimo análisis, reflexión o estudio sobre lo que se
dice. Se repite siempre de forma mecánica los postulados del "pensador"
mitificado como si éste no estuviera libre de error.
Para ser libres debemos ser ante todo individuos autosuficientes sin necesidad
que nadie piense por nosotros, que nadie decida qué nos deba
gustar y qué no.
Hemos hecho referencia a unos casos muy concretos de índole política,
pero se dan también en nuestra vida cotidiana ante individuos que con su
trato consigue que muchos les sigan, se ignoren a sí mismos y lo vean
todo según el prisma que le conviene.
Eso es lo que en realidad es el vampirismo psíquico, porque lo que pretenden
es la anulación emocional, cognoscitiva, intelectual del sujeto
dominado. Casos que suelen darse entre mismas parejas, entre familiares,
compañeros del trabajo, grupos de amistades.
Al igual que el conde Drácula de la Hammer que tras morder a sus
víctimas éstas pierden toda su voluntad, se convierten en nuevos Renfields,
en acólitos que obedecen ciegamente a todas sus órdenes, que
idolatran al ser que les priva de su energía, de su razón e incluso de hasta
su vida.
En muchos casos el vampiro psíquico actúa con el consentimiento de su
víctima, a veces sin él. Éstas a veces se dan cuenta de que están siendo
anuladas por ese ser poderoso que subyuga sus sentidos, su mente. Pero
no se atreven, pierden todos sus sentidos. Los hay que sí, que intentan
reafirmarse a sí mismos y se rebelan contra el usurpador de su voluntad.
Ese vampiro psíquico actúa utilizando la adulación, el halago sin criterio,
buscando que inconscientemente la víctima se rinda ante ellos. Sus
ataques son rápidos pero incisivos.
En el libro "El gran libro del aura" de Joe H. Slate nos dan unas pautas
para defenderse de ellos. son las que siguen:
Paso 1. GESTO DE TRABAR LOS DEDOS. Tan pronto como sospeche
que un ataque vampírico es inminente (o que ya está sucediendo),
junte la punta de los dedos pulgar y medio de cada mano formando dos
círculos. Junte las dos manos y traba un círculo con otro.
Paso 2. PROTECCION ENERGETICA. Mantenga los círculos
trabados, cierre los ojos y visualice un escudo de energía poderosa que
protege todas su aura y que repele cualquier invasión de fuerzas extrañas.
Paso 3. INFUNDIR ENERGIA. Visualice el centro más íntimo
de su sistema energético, vea cómo late pleno de poder mientras infunde
esa energía a todo su ser.

Paso 4. AFIRMACION. Permita que la energía llegue a su
clímax y después afirme: Estoy rodeado de un escudo de poder protector.
Estoy seguro y a salvo.
Todos nos debemos proteger de los ataques de los vampiros, no sólo de
los que, como hemos visto en casos anteriores, son dañinos y mortales.
También de esos otros que intentan anular nuestra personalidad y nuestros
criterios.
como individuos que somos debemos pensar siempre por nosotros mismos,
siempre según nuestras propias convicciones y conveniencias,
jamás en las ajenas.
Esos personajes que tratan de anularnos a veces se nos presentan con aureola
seductora, gentes que tratan de fascinarnos de forma ciega, que nos
arrebatan el aura, que intentan que perdamos la razón y las energías.
Debemos protegernos de ellos.
Vampiros patológicos
Peter Kürten "El vampiro de Düsseldorf" (1883-1931)
Es célebre por haber protagonizado varios films: "M" (1931) de Fritz
Lang, "M" (1951) de Joseph Losey o la más fidedigna "Le Vampire de
Düsseldorf" (1965) de Robert Hossein. sin lugar a dudas la primera es la
mejor, una auténtica obra maestra del expresionismo alemán ya en sus
postrimerías.
Estos tres títulos nos cuentan la historia de Peter Kürten, más conocido
como "El vampiro de Düsseldorf", un caso parecido al de Enriqueta
Martí ya abordado, y que sobrecogió la opinión pública hasta que las
realidades que le sucedieron superaron con creces su maldad.
Su caso entra de lo que llamaríamos Vampirismo real o vampirismo patológico,
siendo éste uno de los casos más espectaculares que se recuerden.
Nacido en 1883 en Colonia (Alemania), en el seno de una familia muy
pobre, era el tercero de trece hermanos, su padre siempre estaba en paro
y era alcohólico, se desahogaba propinando sonoras palizas a su esposa
y a sus hijos.
Peter no lo soportó y a los ocho años se fugó de casa, pero no tuvo éxito.
Con el tiempo intentó de nuevo la huida de aquel hogar tan desagradable
y vivió de sus hurtos. Maltrataba a los perros vagabundos, estrangulaba
ardillas y practicaba la zoofilia con ovejas a las que posteriormente degollaba.
De vuelta al hogar intentó violar a una de sus hermanas menores.
El joven estaba cada día más trastornado tal vez por el entorno tan agresivo
en el que creció. En 1897 fue encarcelado por robo, la primera de
las numerosas condenas que recibió a lo largo de su escabrosa vida.
En 1913 viola y degüella a una niña de 13 años, Christine Kelin.
Al llegar a los cuarenta se casa y su vida cambia, comienza a ir elegantemente
vestido como el famoso Monsieur Verdoux de Charlie Chaplin.
Trabajaba de conductor de camiones y ni siquiera su propia esposa sospechaban
nada de su doble vida.
Entre 1925 y 1930, la dura etapa de la República de Weimar alemana,
tuvieron lugar en la ciudad alemana de Düsseldorf una sucesión de
crímenes espantosos. Peter asesinaba a sus víctimas y se bebía su sangre
después. Incendiaba casas abandonadas, repletas de vagabundos en su
interior, sólo por el placer de verlos arder.
A una niña de nueve años, Rose Ohliger, la roció de gasolina y después
la prendió fuego disfrutando con su terrible agonía. Como la policía era
incapaz de dar con el asesino, intensificó sus búsquedas a la que se sumaron las bandas de delincuentes de la ciudad horrorizados por estos
crímenes, tal como refleja la película de Fritz Lang.
En 1930, Peter fracasa en el intento de asesinato de María Butlier quien
acude a la policía y les da una detallada descripción del sádico criminal.
Fue la señora Kürten que al leer la prensa se desmayó impresionada y
acudió a la policía a poner en antecedentes a la justicia.
Durante el juicio el asesino se dedicó a enviar cartas a las padres de las
víctimas para disculparse, diciéndoles que él necesitaba beber sangre
como otros necesitan beber alcohol.
Fue condenado a muerte el 2 de julio de 1931, a las seis de la mañana, en
el patio de la prisión de Klügelpüts (Colonia), se cumplía su deseo, que
el verdugo cuando lo decapitase le dejase escuchar el sonido de su propia
sangre cayendo al suelo.
Peter Kürten fue un caso de vampirismo patológico, padecía hematodipsia,
una patología que consiste en la necesidad de beber sangre en sus
escarceos sexuales con las mujeres y niñas a las que violó y asesinó.
Capítulo 4
El vampiro en el cine
Antes de entrar en el estudio de la filmografía del conde Drácula, es
necesario realizar un recorrido por lo más significativo del mito
vampírico en su faceta cinematográfica, refiriéndonos primero a los
llamados Vampiros menores y a los condicionamientos sociales que han
provocado que en determinados momentos históricos el cine de terror
esté en auge o en crisis. Cada vez que se cree muerto el mito de Drácula
este reaparece con más fuerza, y resulta curioso que en un momento en
que todos los productores rechazaban en masa financiar películas de
temática vampírica por considerarla anticomercial, la versión de Francis
Ford Coppola pulveriza literalmente las taquillas dejando en ridículo
todas las argumentaciones esgrimidas por los mercaderes del Séptimo
Arte.
Condicionamientos históricos
El personaje creado por Bram Stoker ha tenido una larga carrera
cinematográfica y nada gratuita por cierto. Resulta evidente que la
primera aparición de este célebre vampiro se produjo en Alemania
durante la República de Weimar, nacida tras el humillante Tratado de
Versalles (craso error de los países vencedores de la Primera Guerra
Mundial), la durísima crisis económica y el descontento propició la
ascensión del nacionalsocialismo.
No es extraño que en este ambiente enrarecido floreció el Expresionismo
Alemán, barrido de un plumazo cuando Hitler ascendió al poder.
La Edad de Oro del cine fantástico de la Universal nació precisamente a
raíz del Crack del 29, con la espectacular caída de la bolsa en Wall
Street, llevando a la miseria a millones de ciudadanos, quien además
vivía atemorizado por el auge de los totalitarismos de derecha en
Alemania y de izquierda en la vieja Rusia.
Fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial lo que llevó al fin de este
nuevo ciclo, iniciándose un declive que terminó en los cincuenta con una nueva época de apogeo, el de la Hammer, nacido en plena guerra fría y
con el ciudadano atenazado por un posible enemigo venido del Este. Las
mismas circunstancias motivaron la eclosión del género en Italia y
México, aunque con obras evidentemente menores.
En España se inició la moda del terror hispano, muy por debajo de las
anteriores, en el tardofranquismo, cuando este régimen político hacía
aguas y se iniciaba una etapa de paulatina liberalización. Resulta
significativo que tras la muerte de Franco, esta moda se esfumara en la
nada, siendo sustituido por una oleada de películas de destape.
Al llegar los años ochenta, el mito de Drácula parecía que estaba
definitivamente muerto y enterrado. Era una cosa del pasado, objeto de
chanzas, hasta que en 1992, en plena crisis económica, el mito renace de
sus cenizas apareciendo una nueva oleada de películas de cine fantástico
retomando los mitos clásicos que se creían fenecidos.
El cine fantástico de los ochenta, salvo excepciones, jamás ha
conseguido el éxito ni la importancia de sus ilustres predecesores. Eran
títulos obsoletos, de consumo fácil, pero que apenas han dejado huella
en la historia. Era necesario regresar a sus fuentes literarias, es decir a
sus origenes, tal como ha hecho Francis Ford Coppola con Drácula y
Kenneth Branagan con el mito de Frankenstein.
Es también importante señalar que nuestro género necesita de la libertad
de creación para sobrevivir. Ni las dictaduras de Hitler, Stalin,
Mussolini, Franco (salvo en su senectud) han sido propicias para la
producción de películas de género fantástico, tampoco la España de
Felipe González ha sido favorable para nuestro género porque en esta
época la financiación del cine español cayó en manos del Estado, quien
dictó sus leyes e impuso unas directrices rígidas en las cuales era
imposible la libre creación.
Se me ha argumentado desde la propia Administración socialista que su Ministerio de la Cultura también ha otorgado ayudas anticipadas a
películas de género fantástico como, por ejemplo, “Remando al viento”
(1988) de Gonzalo Suárez o “El bosque animado” (1987) de José Luis
Cuerda, ambas muy estimables, pero ni una ni otra pertenece al género
en su espíritu. Son películas que contienen en su argumento diversos
elementos imaginarios, pero su narrativa nada tiene que ver con el cine
fantástico que ama el público adicto al género dándose la situación
paradójica de que en España existen creadores que desean rodar esa
clase de películas, que tiene un público que las desea ver, pero la
Administración se niega a darles apoyo. (16)
Mientras tanto, durante la década socialista se han rodado, con dinero
público, numerosas cintas que jamás se han estrenado y si lo han hecho
han fracasado estrepitosamente en taquilla porque nadie deseaba verlas.
En otras palabras que es un cine impuesto desde la cúspide y que en
consecuencia carece del más mínimo valor democrático.
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Loki[Admin]
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LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

Mensaje  Loki[Admin] el Miér Mayo 26, 2010 1:02 am

El primer vampiro cinematográfico
De los primeros pasos del vampiro en el cine muy poco sabemos ya que
son títulos aparecidos en filmografías modernas, tal vez rescatadas de un
pasado que les había olvidado con total indiferencia como tantos otros
pioneros del Séptimo Arte.
Denis Gifford considera que “La mansión del diablo” (Le manoir du
diable, 1897) de Georges Méliès es la primera incursión en el tema,
aunque lejos de las coordenadas conocidas. En esta cinta el mago Méliès
se transformaba en Mefistófeles, el diablo, y es asustado con una cruz
como al conde Drácula. Como vemos la referencia es demasiado vaga
para ser tenida en cuenta. Precisamente en este mismo año, Bram Stoker publicó su inmortal novela y el interés por el tema aún no se había
producido.
Los primeros films son completamente desconocidos en la actualidad:
“Vampyrdanserinden” (1911) de August Bloom; “La vampira indiana”
(1913) de Roberto Roberti; “Balao” (Des pas all plafont, 1913) de V.
Jasset; “La Torre dei vampiri” (1913) de Gino Zaccaria; “The Vampire”
(1913) de Robert Vignola y Hates Hunter, con Harry Millarde, Alice
Hollister, Marguerite Courtot; “La carezza del vampiro” (1918) de R.
Bacchini y “Der vampyr” (1919) de A. Stranz; “Vampiry Warzawy”
(1925) y “El castillo de la maldición” (Atok Vara, 1927) de G. Gal, etc.
(17)
Títulos ignotos que no sabemos si corresponden a una ortodoxia del
género o son simples metáforas, parte del cine antiguo está perdido para
siempre y resulta difícil por no decir imposible comprobar su existencia.
Pero ahí están, aunque sea “Nosferatu, el vampiro”, la obra maestra de
Murnau, la primera película oficial del género porque en ella se dan cita
todas las reglas que perdurarán a lo largo de toda la filmografía no sólo
del conde Drácula sino de todos los vampiros menores.
En “La casa del horror” (London After Midnight, 1927) de Tod
Browning, el gran Lon Chaney hizo una maravillosa creación de un
vampiro ayudado de un espectacular maquillaje, pero en las últimas
secuencias descubrimos que se trata de un fraude. Un coronel se ha
disfrazado para desenmascarar a un criminal, decepcionando a todo su
público. No obstante la película tiene excelentes momentos, al igual que
su remake “La marca del vampiro” (The Mark of the Vampire, 1935) del
mismo director con Bela Lugosi.
De todas formas, al no tener continuidad “Nosferatu, el vampiro”, se
tuvo que esperar a la llegada del sonoro para disfrutar de la primera Edad
de Oro del género fantástico tras el Expresionismo Alemán, pero Lon Chaney no lo vio. Antes de rodar su versión de “Drácula” falleció
inesperadamente dejando su cetro vacante, siendo sustituido por el
húngaro Bela Lugosi.
Me pregunto a veces cómo sería la versión de Browning de haberla
interpretado Lon Chaney ¿hubiera gozado de un mayor presupuesto
económico? ¿se hubiera dejado sustituir por Carlos Villarias en la
versión española o hubiera hecho como Buster Keaton que se atrevió a
rodar en castellano sus primeras cintas sonoras?
Estas preguntas lamentablemente carecen de respuesta.
Un personaje a la busca de un actor
Toda la historia de la preproducción de “Drácula” en la Universal es
digna de un guión para un telefilme desmitificador de las interioridades
de la Ciudad de los Sueños que es Hollywood. Ya en mi volumen
dedicado a Buster Keaton, editado por Royal Books en abril de 1994, di
cuenta de las intrigas de opereta que sufrió este genial cómico en su
desdichada estancia en la Metro Goldwyn Mayer por culpa del “zar”
Louis B. Mayer que destruyó su carrera -y la de otros Intérpretes- sin
ninguna piedad.
Tod Browning fue otra víctima de esos prepotentes productores, como
también lo fue Robert Florey a quien James Whale le arrebató el
proyecto sobre Frankenstein y que tuvo que padecer la incompetencia de
Julius Laemmle, hijo del productor de la Universal Carl Laemmle, de
quién adoptó su nombre de pila para llamarse Carl Laemmle jr. Entonces
tenía 21 años y era el típico hijo de papá, el arribista oportunista que se
aprovechaba de su situación familiar para ascender en la empresa a costa
de otros.
La víctima propiciatoria de este personajillo fue Paul Kohner, el jefe de
los estudios, a quién desplazó sin ningún miramientos y le relegó a la
producción de las versiones españolas de los títulos Universal y que
precisamente fue el principal artífice de la versión de George Melford
protagonizada por Carlos Villarias.
Tod Browning estaba contratado en la productora del León, la MGM, y
cuando expiraba su contrato cuando Carl Laemmle jr. decidió poner en
marcha su proyecto sobre “Drácula” que, para empezar tenía numerosas
enemistades. En realidad la Universal, tal como he explicado más arriba,
ya había intentado rodar la película en 1915, año de creación de la
productora, pero los lectores de guiones -una especie intragable de
personajes, repito- desaconsejaron el proyecto, y todos ellos dieron una
valoración negativa al proyecto por considerarlo morboso, poco
edificante y, según sus palabras, “repugnante”.
Lon Chaney estaba bajo contrato en la MGM y era muy difícil que Louis
B. Mayer le diera el visto bueno al traspaso de su gran estrella que tantos
dividendos le estaba dando, pero a finales de junio de 1929 se había
llegado a un acuerdo económico satisfactorio para cederle sólo para este
film en donde el gran Chaney debía desdoblarse en dos personajes, el
conde Drácula y su peor enemigo el profesor Van Helsing, repitiendo su
trabajo de “London After Midnight” ya mencionado más arriba.
Sin embargo los papeleos legales eran un auténtico infierno, la MGM
cedía a Chaney para un film mudo y no uno sonoro, como pretendía la
Universal, y las complicaciones eran excesivas. Por otra parte, el
informe negativo y demoledor de los lectores de guiones provocó que
Carl Laemmle padre quisiera desestimar el proyecto, pero el hijo insistió
hasta lo indecible y con buenos argumentos ya que las productoras
rivales (la Fox, la Pathé, Columbia y la MGM) también ambicionaban
rodar “Drácula” con Lon Chaney. Finalmente el proyecto salió adelante y a los admiradores del gran Chaney se les hacía la boca agua pensando
en el excelente film que iban a ver.
Otro conflicto se presentí a la hora de adquirir los derechos de la novela
de Bram Stoker por los problemas que causaba su viuda Florence Stoker,
quien exigía unos derechos muy elevados. Los autores de las versiones
teatrales Hamilton Deane y John L. Balderston también eran duros de
pelar. Harold Freedman, agente de los tres, defendió los intereses de sus
representados y vendió los derechos a un empresario teatral, Horace
Liveright, quien temía que la versión cinematográfica arruinara las
representaciones de la obra de Broadway. En verano de 1930 todo quedó
solventado y se inició la escritura del guión, encargado a Louis
Bromfield.
Antes Fritz Stephani y Louis Stevens habían redactados sendos
tratamientos, en el primero Drácula viajaba en un aeroplano entre
Londres y Transilvania para poder dormir en su tierra natal, pero esa
idea fue desechada por ridícula. Sólo sobrevivió una idea, la de Drácula
convertido en murciélago conduciendo el carruaje hacia el castillo del
vampiro en Transilvania.
Louis Bromfield redactó un guión muy detallado pero complicado para
la época. En ella, John Harker llegaba a los Cárpatos en un trineo
(conducido por Drácula) durante una tormenta de nieve y disparaba
contra los lobos. El vampiro era viejo, con largos pelos canosos y bigote
blanco. Por cierto, llevaba esa larga capa negra tan peculiar del cine de
vampiros. Pero esa versión era demasiado cara para la Universal que
había perdido mucho dinero en el crack de 1929, por lo que este guión
fue desestimado.
Dudley Murphy escribió un segundo guión, más completo que el
anterior, pero desestimó muchas ideas del anterior tratamiento. En la
versión Murphy el personaje de Harker quedaba reducido a su mínima expresión, siendo el propio Renfield quien viajaba a Transilvania. Varios
guionistas entraron a saco en el guión de Murphy, el productor Laemmle
jr quería eliminar aquel bello diálogo de Drácula en la opera “Morir -
estar realmente muerto- debe ser algo glorioso. Cosas mucho peores
acechan al hombre”.
Laemmle jr quería que Drácula sólo atacara a las mujeres y no a los
hombres (Renfield y los marineros del barco que les lleva a Inglaterra),
pero Browning apoyándose en el padre del productor se salió en la suya.
En la versión española las tres vampiras atacaban a Renfield, pero en la
inglesa es Drácula quien las hace retroceder para atacarle personalmente,
idea personal de Browning que no estaba en el guión definitivo de
Garrett Fort quién utilizó muchas ideas de Murphy pero que firmó en
solitario.
Quedaron eliminadas en la versión de Garret Fort la persecución final
del vampiro en su regreso a Transilvania, trasladando su final a la abadía
de Carfax. De hecho es este guión el punto más débil tanto de la versión
de Browning como la de Melford, a media película Van Helsing
descubre, gracias al truco del espejo, la identidad del vampiro. Sabiendo
dónde reside éste, lo lógico sería que a la mañana siguiente acudiera a
eliminarle pero no es así, pasíndose el resto del metraje con una intriga
un tanto artificiosa que resulta bastante pesada.
Faltaba el actor principal que debía asumir la personalidad del vampiro.
Browning quería a Bela Lugosi, con quien había trabajado en “The
Thirteenth Chair”, pero los estudios preferían a Lon Chaney. Lugosi
contaba además con el beneplácito de Florence Stoker, amiga personal, a
quien convenció de que rebajara sus pretensiones económicas para ceder
los derechos a la Universal..
Finalmente Lon Chaney muere inesperadamente de cáncer el 26 de
agosto de 1930, dejando a la Universal en la estacada. Entonces se
barajaron diversos nombres: Ian Keith, un actor teatral muy prestigioso,
especializado en Shakespeare; William Courtenay; John Wray; Chester
Morris; Joseph Schlidkraut, Raymond Huntley (el actor que había hecho
de Drácula en el West End de Londres y en una gira en los Estados
Unidos), John Barrymore y Paul Muni.
Otro rival de Bela Lugosi era el alemán Conrad Veidt, célebre por su
papel en “El gabinete del Dr. Caligari” (Das Cabinet des Doktor
Caligari, 1919) apoyado por Paul Kohner y el director Paul Leni, un
rival de Browning en el proyecto, pero que falleció en septiembre de
1929 a causa de un envenenamiento de la sangre. Kohner, como hemos
dicho, fue desplazado por el retoño de Laemmle, y Conrad Veidt se
marchó de nuevo a trabajar a Berlín porque su inglés era entonces muy
deficiente. Más tarde, a causa del nazismo, tuvo que regresar a
Hollywood y le recordamos por su villano en “Casablanca” (Casablanca,
1942) de Michael Curtiz.
En fin, el papel cayó en el mejor actor capacitado para hacerse cargo de
él, el húngaro Bela Lugosi, quien lo aceptó con excesivo entusiasmo
porque trabajó por un sueldo irrisorio de 3.500$ (500$ a la semana),
mientras el inexpresivo David Manners cobró 2.000$ a la semana
(¡cuatro veces más que el protagonista!) desplazando a Robert Ames y
Lew Ayres, éste mucho más capacitado que Manners para el papel de
John Harker.
La heroína Mina fue encarnada por una refinada actriz de Broadway,
Helen Chandler, que entonces tenía 22 años. Una actriz de vida artística
efímera por culpa de su adicción al alcohol y a las drogas que acabó
matándola prematuramente. Frances Dade, una joven estrella de
Filadelfia, fue Lucy Weston. Curiosamente esta actriz era nieta de la
modelo que posó para los billetes de dólar en los Estados Unidos.
Edward Van Sloan ya había interpretado a Van Helsing en Broadway y el histriónico Dwight Frye, también procedente del teatro de Nueva
York, fue un Renfield antológico. Sin embargo Bela Lugosi aceptó, en el
aspecto económico, uno de los peores contratos que se recuerdan en los
estudios de Hollywood sólo comparable al de Christopher Reeve cuando
rodó el primer “Supermán” en los setenta. Demasiado obnubilado por el
entusiasmo, Bela Lugosi podía competir perfectamente con Buster
Keaton y Harry Langdon para conseguir el título del peor comerciante de
Hollywood por la desastrosa forma en que llevaron sus asuntos
económicos a lo largo de sus vidas.
Un año después de rodar “Drácula” Lugosi fue demandado por sus
acreedores, su talento como actor jamís fue acompaíado de un sentido
más práctico de la economía hasta caer en su senectud en las redes de Ed
Wood. El húngaro siempre se quejaba de que en Hollywood a los
extranjeros no anglosajones siempre les daban papeles de villano porque
hablaban con acento defectuoso, así como la costumbre del teatro y del
cine americano de crear estereotipos y no dejar que los actores
interpreten variedad de personajes tal como ocurría en el cine europeo.
Bela Lugosi, el Drácula ideal
Bela Blasko nació el 20 de octubre de 1882 en una ciudad del sur de
Hungría llamada Lugosi (curiosamente situada a escasos kilómetros de
Transilvania), de ahí sacó su célebre nombre artístico en recuerdo de la
acogedora villa que le vio nacer. Su vida fue muy difícil, tal como
veremos a continuación, ya que los avatares históricos dieron un radical
giro a su existencia que nada tuvo que ver con la que se marcí en su
juventud.
Dotado de una espléndida voz, Bela Blasko era hijo de un banquero
húngaro que deseaba que su hijo siguiera sus pasos. Sin embargo no fue
así, el joven Bela quiso ser deportista ya que tenía excelentes aptitudes y
estaba dotado de un cuerpo atlético en aquellos años mozos.
Seducido por el teatro, el muchacho de doce años se enroló en una
compañía ambulante que recorría villa tras villa representando obras de
repertorio hasta que en 1902 ya debutó en un teatro estable actuando
siempre con diversos pseudónimos hasta que en 1911 pasó al prestigioso
Teatro Real Húngaro y en 1913 al Teatro Nacional de Budapest
obteniendo un importante prestigio escénico.
En la cuna del mejor teatro húngaro, Bela Blasko encarnó a personajes
de gran talla como Armand Duval, Jesucristo, Romeo, Laerte, Cassius,
Cinna, Otelo y otros, protagonizando obras de Alejandro Dumas hijo y
William Shakespeare. El timbre de su voz era tan impresionante que
representó al conde Danilo, el teniente seductor de "La viuda alegre" la
opereta de Franz Lehar que en cine popularizó Maurice Chevalier en la
mejor de sus formas. Ese detalle nos da perfecta idea de la clase de actor
que era Bela Blasko antes de una serie de acontecimientos que vamos a
relatar más adelante.
Bela Blasko era el primer actor de una institución que dependía
directamente del Estado, quien financiaba las representaciones y pagaba
a los actores que si bien no se hacían ricos sí gozaban de estabilidad
económica, situación poco frecuente en este oficio tan irregular.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Bela es enrolado en infantería
sufriendo por tres veces gravísimas heridas en el frente serbio y en
Rusia, donde se distinguió por su enorme valor obteniendo el grado de
capitán. Heridas que prácticamente condicionaron su vida produciéndole
horribles dolores en las piernas que le siguieron atormentado hasta el
final de sus días. En 1916 fue desmovilizado y regresó a su antiguo
trabajo en el Teatro Nacional. En 1917 debutó en el cine como actor, adoptando un pseudónimo, Arisztid Olt, con el cual protagonizó "A
Leopard" (1917) de Alfred Deesy. Esta parte de su carrera es
completamente desconocida pero encontramos una adaptación de "El
retrato de Dorian Gray" de Oscar Wilde, del mismo director y rodada en
el mismo año. Para la anécdota debemos destacar que en "A Naszdal"
(1917), también de Deesy, Arisztid Olt coincidió con un actor llamado
Károly Lajthay quien en 1921 rodó como director "Drakula" sin haber
adquirido los derechos de la novela de Bram Stoker.
Convertido en un gran astro de la pantalla húngara, Bela Blasko
reconvirtió su nombre artístico adoptando el de Bela Lugosi con el cuál
muchos años después conquistaría la fama. En esta época trabajó con
Mihaly Kertesz, un realizador que años después emigró a Hollywood
convirtiéndose en Michael Curtiz.
Fue entonces cuando Bela Lugosi, actor situado en la cúspide de su fama
dentro del marco húngaro, cometió el mayor error de toda su vida:
meterse en política. Hungría había sido derrotada en la guerra mundial y
se había separado de Austria, recordemos el célebre Imperio
Astrohúngaro tan querido de Luis García Berlanga, apareciendo
síntomas que presagiaban que la Revolución bolchevique que tanto éxito
había tenido en Rusia iba a repetirse también en el país de los magiares.
En marzo de 1919 el gobierno de Karolyi fue derrocado por una
insurrección motivada por las graves crisis económicas que sufría el
país. Bela Kuhn instauró la República Soviética Húngara a imitación de
la naciente URSS, convirtiéndose prácticamente en un estado satélite de
éste.
Las malas condiciones de vida que padecían los actores, trabajando por
una miseria en el Teatro estatal fue la causa de la entrada en política de
Lugosi, quien abrazó el comunismo como reacción, tal vez por
oportunismo o por seguir la moda, y distinguiéndose por sus actividades revolucionarias. Al frente del Sindicato de Actores, creado por el propio
Lugosi y del que era su presidente, el actor húngaro se distinguió por su
excesivo autoritarismo. Una especie de despotismo ilustrado que le valió
numerosas enemistades.
Por su parte, Bela Kuhn ejerció una dictadura atroz y siniestra que en
vez de mejorar la situación de su pueblo aún la empeoró. Temiendo que
la sublevación comunista se extendiera por Europa, el gobierno de
Rumania derrocó en septiembre de 1919 al gobierno de Kuhn,
restaurando la monarquía con el regente Horthy, futuro aliado de Adolf
Hitler.
Esta dictadura sólo duró cinco meses, pero habían dejado marcado a
Bela Lugosi. Kuhn había huido a la Unión Soviética y Lugosi viéndose
desamparado fue perseguido por el nuevo orden teniendo que huir al
país vecino, Austria, y más adelante marchó a Berlin en busca de
mejores oportunidades ya que no pudo emigrar hacia la naciente Unión
Soviética porque en la patria del comunismo la industria cinematográfica
había sido desmantelada por la Revolución y sus profesionales habían
fugado al extranjero.
En Alemania vivió algún tiempo, trabajó con Wihelm-Friedrich Murnau
en "Der Januskopf" (1920) y otros realizadores siempre en papeles muy
secundarios. Lugosi no entendía el alemán y tenía muchas dificultades
para encontrar trabajo, creyendo que su situación era transitoria soñaba
con regresar al Teatro Nacional de Budapest pero no fue así.
Tras pedir asilo político en la embajada de los Estados Unidos, en 1921
desembarca en Nueva Orleáns y parte hacia Nueva York, donde fue
ayudado por compatriotas húngaros y fundó una compañía teatral.
Hollywood se fijó en él y le dio trabajo, papeles secundarios pero bien
pagados. Era el cine mudo y al no tener que hablar no se notaba su fuerte
acento húngaro que nunca perdió. Haciendo enormes esfuerzos se
aprendía los textos de memoria cuando representaba obras teatrales, su
forma de hablar era motivo de chanzas dentro de la profesión que
siempre le consideró un extraño.
Bela Lugosi a sus 45 años encontró al personaje de su vida, al conde
Drácula cuando protagonizó en el Fulton Theatre de Nueva York la
célebre obra de Hamilton Deane, basado en la obra del irlandés Bram
Stoker “Drácula”. 500 representaciones que cimentaron su leyenda, el 5
de octubre de 1927 se alzó el telón por primera vez y representó al
mismo personaje en la legendaria película de Tod Browning. Bela
Lugosi había dejado de ser un hombre para convertirse en un mito.
Actor súper profesional, el mediocre David Manners le calificó como
“un pelmazo de los pies a la cabeza”, pues el húngaro se paseaba por el
plató con su caracterización declamando con su peculiar tono de voz
“¡Yo soy Drácula! ¡Yo soy Drácula!”.
De hecho Lugosi, desde que inició las representaciones teatrales temía
repetirse, representar su personaje de forma demasiado mecánica. Antes
de cada representación se sentaba en su camerino para asumir la
personalidad de Drácula. Durante los dos años de la representación
nunca dirigía la palabra a nadie entre bastidores para no perder la
concentración. El resto de la compañía se daba cuenta de la gran tensión
que acumulaba Lugosi. “Era víctima de un auténtico hechizo que no me
atrevía a romper. Si me salía de mi personaje aunque sólo fuera un
momento, la inquietante amenaza del terrible conde Drácula desaparecía
de la caracterización, y mi poder sobre el público perdía fuerza”.
Cuando se inició el rodaje del film de Browning, Lugosi era consciente
del cambio de estilo que exigía el cinematógrafo. En teatro se
exageraban los gestos para que fueran percibidos por los espectadores de
las últimas filas, en cine era todo diferente. Las cámaras le acercaban al
público que visualizaba hasta los menores gestos. Por eso se tuvo que “reprimir” -según sus propias palabras- para no caer en la exageración.
Tod Browning tuvo que contenerle en muchas ocasiones porque
acostumbrado al teatro se había anquilosado en la técnica escénica, pero
gracias a la ayuda del realizador este problema se solventó con éxito
convirtiéndose en una auténtica estrella cinematográfica.
La filmación de “Drácula” se inició el 29 de septiembre de 1930,
terminado el 15 de noviembre. Pero las escenas adicionales fueron
filmadas entre el 13 de diciembre de 1930 y el 2 de enero de 1931. Los
problemas de producción fueron impresionantes, debido a recortes
presupuestarios. Por si fuera poco el 23 de octubre de 1930, un incendio
destruyó el decorado de la posada y se tuvo que construir de nuevo para
la versión española ya que Browning ya había concluido esta secuencia
en la que Renfield es avisado por el posadero de que no acuda al castillo
de Drácula.
Desgraciadamente, la dolencia que había obtenido durante la guerra le
obligaba a dormir sobre una tabla. Malas lenguas decían que en un
ataúd. Para calmar su dolor debía tomar diversas drogas de las que abusó
amargado por su entorno, la morfina a partir de 1935, para aliviar dolor
de sus piernas, y la metadona desde 1938. Lugosi rodó muy buenas
películas a lo largo de su carrera, pero también muchos títulos
alimenticios indignos de su gloria. Su carácter irascible, amargo, unido a
sus dificultades idiomáticos le fueron cerrando puertas. Su inglés
deficiente le convirtió en un actor marginado del que todos se burlaban
cuando lo encontró el joven Ed Wood para quien rodó sus últimas (y
desastrosas) cintas, pero eso ya no importa. El 16 de agosto de 1956,
Bela Lugosi falleció de una crisis cardiaca, tras haber rodado unas
pruebas de cámara vestido de Drácula que Ed Wood utilizó para "Plan
Nine from Outer Space" (1959), considerada la peor película de historia
de cine por los críticos que no han visto "Magic London" (1990) de
Germán Monzó que aún la supera en estos extremos tan horrendos.
Sobre Bela Lugosi corren muchas leyendas, se dice falsamente que se
creía el propio conde Drácula pero eso nunca fue cierto. La droga le
mató, pero también la margenasen que sufrí por tener que rodar en un
idioma que no era el suyo y que perjudicó su carrera. Pero sus fans le
adoraban con su acento húngaro, sin él Bela Lugosi no era Bela Lugosi.
"Dicen que estoy loco porque me creo el conde Drácula -decía Lugosipero
la sociedad que me rodea está aún mucho más loca que yo". La
tragedia de este excelente actor húngaro es que no pudo trabajar en su
propio país (Hungría, tras la Segunda Guerra Mundial cayó en manos de
la dictadura comunista que defraudó hasta a los propios -y verdaderoscomunistas),
en donde había conseguido un notable prestigio escénico y
tuvo que exiliarse en tierras extraías, en una sociedad que le marginó y le
despreció. Cuando triunfó en el cine fantástico a principios del sonoro,
Lugosi tenía 50 años. Demasiados para un actor extranjero que hablaba
mal el inglés y se le relegó a papeles secundarios más o menos exóticos.
Además Boris Karloff, un actor británico de excelente dicción, le
desplazó de las pantallas y le arrebató el cetro de Rey del Terror.
Resulta muy curioso que el Comité de Actividades Antiamericanas que
persiguió a muchos falsos comunistas, tomándolos por tales, no molestó
siquiera a Bela Lugosi que fue dirigente marxista en el pasado. Tal vez
le tomaron por demente y no quisieron perder el tiempo con él. Sí estaba
en las listas negras de Hollywood la actriz Vampira (nombre artístico de
la finlandesa Maila Nurmi), coprotagonista de la mencionada "Plan Nine
from Outer Space", acusada de comunista sin serlo ni por asomo.
Dorothy Tree, una de las tres vampiras “novias” de Drácula del film de
Tod Browning, fue apartada de Hollywood por pertenecer al Partido
Comunista pero regresó al cine con “Hombres” (The Men, 1950) de Fred
Zinnemann y también en “La jungla del asfalto” (The Asphalt Jungle,1950) de John Huston, en el papel de May Emmerich (la esposa del
corrupto Louis Calhern), falleciendo en 1992.
Por cierto, las otras dos “novias” de Drácula fueron Geraldine Dvorak, la
doble de Greta Garbo en la Metro, y posterior actriz teatral, y Mildred
Peirce (más conocida como Cornelia Thaw) quien abandonó el cine poco
después de rodar “Drácula”. La identidad de este trío de actrices ha sido
un misterio durante décadas, como lo sigue siendo el de las tres vampiras
hispanas del film de Melford.
El vampiro latino
El cordobés Carlos Villarias, (18) protagonista de la versión española de
“Drácula”, dirigida por George Melford, no es conocido por los públicos
actuales. Su versión fue descubierta en una siniestra sesión del
desastroso Festival de Sitges desorganizado por la Generalitat catalana,
tras padecer la actuación de un mago de pacotilla y los cinéfilos tuvimos
que soportar las escasas gracias (?) de los irónicos de siempre, así como
las desdenes de los amiguetes de los desorganizadores de tan patético
certamen.
Carlos Villarias Llano nació en Córdoba, el 7 de julio de 1892,
perteneciente a una rancia familia de militares, pero el joven prefirió
estudiar leyes y tras licenciarse ejercer de abogado. Al tener buena voz y
excelentes cualidades líricas se inició en el teatro, actuando en diversas
compañías de opereta, llegando a trabajar en los mismos Estados Unidos
gracias a su perfecto dominio del inglés. Al llegar el sonoro Hollywood
le reclamó para actuar en las versiones hispanas de sus films
anglosajones, participando en treinta y cinco títulos.
En 1939, cuando las productoras americanas dejaron de producir
películas para el mercado hispano, Villarias pasa a México rodando
alrededor de treinta películas más, destacando otro film de vampiros, ”El
capitón “Buen Revés” (1936) de Juan Bustillo Oro, conocida también
por ”Nostradamus”, pero finalmente la nostalgia le venció y en 1949
regresa de nuevo a España rodando dos títulos más, “Jack el Negro”
(1950) de Julien Duvivier y José Antonio Nieves Conde, con George
Sanders de protagonista, y la ignota “La ciudad del fuego” (1951) de
José González Ubieta, un extraño relato fantástico de ciudad misteriosa y
perdida, tipo La Atlántida, donde el cordobés se reencontró con Pablo
Alvarez Rubio, el Renfield de la versión de “Drácula” que interpretara
en Hollywood.
Posteriormente su pista se pierde, desconociéndose datos de su
fallecimiento porque éste no trascendió, ni consta que rodara ningún
título más. Misterio.
En Hollywood, otro español, Ernesto Vilches se empeñó en emular al
mismísimo Lon Chaney rodando “Wu Li Chang” (1930) de Nick Grinde,
basado en “Mr. Wu” (1927) de William Nigh, curiosamente un remake
hispano de un film mudo.
Vilches era un precedente de Paul Naschy, tanto en sus virtudes como en
sus defectos. Era un actor especializado en el transformismo, debutando
como doña Brígida en una representación de “Don Juan Tenorio” en el
teatro. Por eso se le comparó en su día con Lon Chaney y era el actor
más adecuado para sustituirle en una versión hispana de uno de sus
éxitos.
Posiblemente de haber sido un actor más dúctil y menos conflictivo
hubiera sido el intérprete adecuado para interpretar al Drácula español, al
menos Ernesto Vilches tenía más personalidad que Carlos Villarias y el
papel le sentaba mucho mejor.
En “Cheri-Bibi” (1931) de Carlos F. Borcosque, réplica de “The
Phantom of Paris” (1931) de John Stuart Robertson, Ernesto Vilches
tenía doble papel, el amigo Cheri-Bibi y el barón Max von Dyke. Se
trataba de un proyecto de Lon Chaney que se aplazó por la muerte de
éste, siendo sustituido por el mediocre John Gilbert en la versión inglesa
y por Vilches en la española. Basado en una novela de Gaston Leroux,
“Cheri-Bibi” dio una oportunidad de lucirse al transformista español, sin
embargo sus exageradas exigencias, sus fracasos interpretativos en
Hollywood que él achacaba a sus compañeros, y un carácter harto difícil
motivó que las productoras americanas acabaran por volverle la espalda
y deshacerse de él.
No fue hasta finales de los sesenta que el cine español se encontró con
un caso similar, Paul Naschy protagonizó “La marca del hombre lobo”
(1968) de Enrique Eguiluz, a mi juicio sobrevalorada por algunos
adictos al fantástico, mostrando diversas peleas entre vampiros y
licántropos. Jacinto Molina (ese es su verdadero nombre) fue el conde
Drácula en dos ocasiones, ”El gran amor del conde Drácula” (1973) de
Javier Aguirre y en una parodia televisiva aparecida en el programa
infantil “Olla de grillos” (1991).
Ambas apariciones fueron completamente olvidables, sin embargo, el
discípulo más aventajado de Lon Chaney del cine y el teatro español fue,
sin ninguna duda, Narciso Ibáñez Menta.
Nacido en Sama de Langreo (Asturias) el 25 de agosto de 1912, hijo de
los actores Narciso Ibáñez Cotanda y Consuelo Menta, Narciso Ibáñez
Menta es sin ninguna duda el mejor actor de fantástico que tenemos en
España, pese a que el cine de este género no le ha utilizado todo lo que
debía.
Tras seguir a sus padres en diversas giras, llegó a Nueva York triunfando
en los teatros hispanos. Gran admirador de Lon Chaney, padre,
consiguió de él un autógrafo y decidió seguir sus pasos. Excelente
transformista, Narciso Ibáñez Menta descubrió al personaje de Drácula
de niño asistiendo a una representación en el Rialto de Broadway de la
obra teatral de Hamilton Deane y John L. Balderston protagonizada por
el mítico Bela Lugosi. Aquel actor infantil, llamado entonces Narcisín,
se quedó tan impresionado que decidió en el futuro recrear en la escena y
en la televisión diversos personajes del género fantástico.
Al salir de los Estados Unidos, viajó a Cuba y después a Buenos Aires
donde puso en escena “El hombre y la bestia” de Stevenson, “El
fantasma de la Opera” y diversas obras más, pasando luego al cine y a la
televisión, convirtiéndose en este campo en un personaje archipopular en
las Pampas argentinas.
Ya en España, representó a Van Helsing en 1978, en una versión teatral
de “Drácula”, y al propio vampiro en “La saga de los Drácula” (1972) de
León Klimovsky. Antes, en Argentina, representó este papel en un serial
televisivo, “Otra vez Drácula” (1970), que él mismo dirigió, obteniendo
un importante éxito, destacando su recreación de Van Helsing en “Hay
que matar a Drácula” (1979), siendo el primer actor que ha interpretado
los dos papeles, el del vampiro y el de su peor enemigo.
Además de interpretar, Narciso Ibáñez Menta fue realizador de sus
emisiones argentinas, y autor del propio maquillaje que llevaba sobre su
rostro según la tradición heredada de Lon Chaney, padre, quien creaba
personalmente sus propias caracterizaciones en la pantalla.
Los vampiros menores
Saliéndonos del personaje de Drácula, tratando en profundidad más
adelante, los estudios mejicanos consiguieron muy buenos resultados
con la cinta gótica “El vampiro” (1959) de Fernando Méndez, que en su
distribución en cines españoles solía ir acompañada en programa doble de su segunda parte, “El ataúd del vampiro” (1960), del mismo
realizador. De hecho, contando ambas con los mismos elementos, la
calidad era dispar, sobresaliendo con gran diferencia la primera entrega
de tan singular díptico.
Germán Robles era el conde Lavud, un vampiro en la más estricta
ortodoxia stockeriana, respetando todas las reglas del género. “El
vampiro” contaba además con una buena atmósfera, típicamente
Universal, y estaba realizada con total seriedad, algo raro en las cintas
mejicanas que en más de una ocasión han caído en el más absoluto de
los ridículos.
Sin embargo Fernando Méndez supera todos los escollos ofreciéndonos
una obra más que digna y, en definitiva, un nuevo clásico del género.
Al quedar convertido en una especie de mito azteca, Germán Robles
aborda de nuevo el tema del vampirismo en cuatro cintas de Frederick
Curiel, basadas las cuatro en las andanzas del vampiro Nostradamus, ya
conocido por “El capitán “Buen Revés” con Carlos Villarias: “La
maldición de Nostradamus” (1960), “La sangre de Nostradamus” (1960),
“Nostradamus y el genio de las tinieblas” (1960) y “Nostradamus y el
destructor de monstruos” (1961).
Desgraciadamente, un año después, Germán Robles se rebaja a satirizar
su personaje en “El castillo de los monstruos” (1962) de Julián Soler, al
lado de un cómico de tan poca categoría artística como Clavillazo.
Efectivamente Germán Robles, por sus condiciones físicas podría haber
sido una estrella hispana del género fantástico pero como en el caso de
Narciso Ibáñez Menta no tuvo material de calidad en sus incursiones
cinematográficas, pero si en este último caso quedó como refugio la
televisión, en cambio el intérprete del conde Lavud desapareció tan
rápidamente como había aparecido en la pantalla.
El español Miguel Morayta, exiliado en México, se cansó de sus
películas de rancheras y abordó el género con dos cintas extrañísimas
“El vampiro sangriento” (1961) y “La invasión de los vampiros” (1962),
ambas con las aventuras de un conde Frankenhausen (interpretado por
Carlos Agostí) completamente pintoresco. Santo, el Enmascarado de
Plata, para no ser menos tuvo que vérselas con seres de las tinieblas en
más de una ocasión, “Santo contra las mujeres vampiro” (1962) de
Alfonso Corona Blake, con la simpar Lorena Velázquez, ‘Santo y Blue
Demon contra los monstruos” (1968) de Gilberto Martínez Solares, y
“Santo en la venganza de las mujeres vampiro” (1969) de Frederick
Curiel con una tal condesa Mayra (Gina Romand). También hacía su
aparición Aldo Monti, otro actor especializado en vampiros aztecas a
cada cual más horripilante, dicho en sentido peyorativo del término.
Otra oleada de cine fantástico en los sesenta nos vino de Italia, país
donde suelen cocerse muchas películas de escasa envergadura, pero en
comparación con México o España, donde las buenas películas del
género son muy raras, los italianos han conseguido auténticas obras
maestras, sobretodo aquellas que fueron dirigidas por gentes como
Mario Bava y Riccardo Freda.
Cuando Riccardo Freda puso en marcha “I vampiri” (1957) con su
esposa Gianna Maria Canale, reina indiscutible del peplum italiano,
ignoraba que se anticipaba a la nueva Edad de Oro del cine fantástico,
con una serie de títulos de procedencia europea (la británica Hammer, el
fantástico italiano) al que se añadió la oleada ya comentada que nos
llegó desde México.
Una baza importante de “I vampiri” era la fotografía en blanco y negro
de Mario Bava, que recupera en cierto modo la atmósfera Universal
aunque recuperando las leyendas originales con todo su rigor. Un año
después triunfó “Drácula” (Horror of Dracula, 1958) de Terence Fisher,
esta vez a todo color, y gran impulsora del renacimiento del género. Los italianos contraatacaron con una estilizada adaptación de “Vij” de
Nicolas Gogol. “La máscara del demonio” (La maschera del demonio,
1960) de Mario Bava, lanzó el sensual rostro de Barbara Steele en su
doble encarnación de la princesa Katia y la princesa Ada, es decir, la
vampira (más bien una bruja resucitada del pasado) y su víctima,
destacando la ambientación realizada en estudio de la antigua Rusia.
Una bruja es quemada en el pasado, clavándole en el rostro una máscara
con pías que le desfiguran el rostro. Siglos después, una descendiente
suya que vive en el castillo tendrá un corte accidental cuya sangre caerá
sobre el esqueleto de su antepasada volviéndola a la vida.
“La máscara del demonio” es para mí la obra maestra absoluta del cine
fantástico italiano, en un nivel que jamás han sido capaz de alcanzar los
seguidores del gran Bava, ni siquiera su hijo Lamberto quien en 1989
realizó un remake con el mismo título completamente execrable.
Renato Polselli no quiso ser menos, con “L’amante del vampiro” (1961)
con Walter Brandi y Maria-Luisa Rolando, nos ofreció una película
menor, pero digna. Unos vampiros se rejuvenecen cuando absorben la
sangre de sus víctimas, pero envejecen en su época de abstinencia.
Lamentablemente, las secuencias que transcurren fuera del castillo, con
una compañía de bailarinas un tanto chusca son completamente
mediocres. En cambio, cuando se refleja el mundo imaginario de los
aristócratas vampiros se consigue un buen clima gótico.
Mario Bava consigue una auténtica obra maestra con su adaptación de
“Los wurdalak”, perteneciente a “Las tres caras del miedo” (I tre volti
della paura, 1963), basado en un relato de Alexis Tolstoi, “La familia
Wurdalak”, con el gran Boris Karloff como Gorka, el abuelo de la
familia que regresa a su casa para contagiar a todos los suyos. Con una
excelente utilización del scope y del Eastmancolor, nos encontramos con
los ambientes de la Rusia milenaria de las estepas y sus ancestrales
supersticiones que ya habíamos descubierto en “La máscara del
demonio”.
Otro ejemplo de cinta vampírica nos lo dio el irregular Antonio
Margheriti, más conocido como Anthony Dawson, con “La danza
macabra” (1963) de nuevo con la presencia de Barbara Steele en el papel
sinuoso de una vampira lesbiana. Para ganar una apuesta, Alan Foster,
un joven reportero accede a pasar una noche en un castillo repleto de
revivientes. “La horrible noche del baile de los muertos” (Nella stretta
morsa del ragno, 1971) fue un remake en color del propio realizador, con
Michéle Mercier sustituyendo a Barbara Steele, y Anthony Franciosa
como el imprudente periodista.
Ya como reina indiscutible del terror italiano, nuestra Barbara reincide
por tercera vez con “Gli amante d’oltre tomba” (1965) de Mario Caiano,
de nuevo con un doble papel pero en un tono menor. Estamos muy lejos
del clima de “La máscara del demonio” que sí reapareció en la versión
rusa de “Vij” (1967) de Alexandre Ptouchko, una cinta ignorada que fue
descubierto con gran placer en el Festival de Sitges (cuando lo llevaba
Ráfales, por supuesto).
Un seminarista que se ve envuelto durante una noche en una mansión
poblada por vampiros y demás seres de las tinieblas, salvándose
únicamente por la fuerza de su fe. Al día siguiente será llamado por un
hombre rico para oficiar un responso en el ataúd de su hija, descubriendo
horrorizado que tiene el rostro de una bruja muerta tiempo atrás.
Ya en Inglaterra, el polaco Roman Polanski consigue en “El baile de los
vampiros” (The Fearless Vampire Killers, 1967) una de las mejores
ambientaciones del género a pesar de su aire paródico. Un cazador de
vampiros (Jack McGowran) y su ayudante Alfred (Roman Polanski)
acuden a unos parajes cercanos a un castillo, la gente es muy
supersticiosa pero no quiere decir nada. La aventura les llevará al
interior de sus almenas participando en un akelarre infernal. La ironía de
su autor es patente en cada secuencia, gracias a una inteligente
utilización del color y un ambiente de ensueño.
Bathory y Carmilla, reinas de la noche
Aparte del conde Drácula, las dos figuras más importantes dentro de la
filmografía del vampiro son la condesa Bathory y la sensual Carmilla
creada por Sheridan Le Fanu. Tal vez los únicos personajes femeninos
capaces de igualarse al célebre príncipe de las Tinieblas, a ese Don Juan
de Ultratumba que durante un siglo de cine se ha convertido en un
auténtico fenómeno social.
La historia de la condesa Bathory ya ha sido relatado en otra parte de
este libro, pero sus primeros pasos en el cine motivaron una curiosa
anécdota que relataré a continuación.
En 1964, el realizador catalán Jordi Grau realizó un viaje a la República
Socialista de Checoslovaquia, (19) donde conoció la leyenda de la
condesa Bathory. Al regresar a España redactó un proyecto que ofreció a
los productores españoles que lo rechazaron de inmediato, “aquí se hace
cine social” dijeron, y ante esta negativa Grau decidió enviarlo a la
Hammer británica que también lo rechazó pero, sin embargo, años
después puso en marcha un proyecto similar. “La condesa Drácula”
(Countess Dracula, 1970) de Peter Sasdy. Autor de la idea un tal Gabriel
Ronay, que nadie conoce, y el cineasta catalán no pudo rodar su
proyecto hasta 1972, con el título “Ceremonia Sangrienta”. Tras haber
luchado ocho años para conseguirlo filmar, la crítica española lo rechazó
diciendo que era un film de… “encargo”.
Los mismos checos nos ofrecieron una versión en dibujos animados muy interesante, “Krvava Pani” (1981) de Viktor Kubal, mostrando toda clase
de perversiones de la condesa. Su título traducido al castellano es “Dama
de sangre” con el cual se proyectó en el Festival de Sitges. Vemos la
costumbre de la condesa de crear muñecas animadas que seducían a los
hombres, cuando estos la abrazaban salían de sus pechos dos afiladas
dagas que les atravesaban dándoles la muerte.
La versión de Jordi Grau, “Ceremonia sangrienta” (1972). aunque haga
referencia a una descendiente de la condesa que sufre su misma suerte
(Lucía Bosé y Espartaco Santoni en el reparto), es posiblemente la mejor
de su filmografía. Es una rara vez dentro del fantástico español que se
consigue una obra de gran calidad, mostrando con gran rigor los
ambientes donde se movía la creencia en el vampiro y cuales eran sus
bases. La chica virgen que cabalga desnuda sobre un caballo en busca de
la tumba de un vampiro era aún inédita en 1972.
Aunque no sean vampiros auténticos, ya que ciertos cineastas españoles
no se atreven con la temática fantástica, la película de Grau narrada con
la imaginación suficiente para interesarnos. Algo que no ocurría en otras
andanzas de la condesa en nuestros pagos.
En “La noche de Walpurgis” (1970) de León Klimovsky, Patty Shepard
es la condesa Wandesa Dárvula de Nadasdy, sensiblemente inspirada en
la condesa Bathory, una vampira lesbiana resucitada de forma idéntica a
Barbara Steele en “La máscara del demonio”, aunque los valores de la
película española son muy inferiores. Sin embargo, lo más atractivo de
“La noche de Walpurgis” es Patty en su caracterización de vampira
quien en la entrega anterior de las andanzas del licántropo nacional, “Los
monstruos del terror” (1969) de Tulio Demicheli, era la codiciada
víctima del vampiro Janos de Mialhoff (Manuel de Blas, a la sazón su
marido).
Patty no quiso convertirse en la musa del fantástico español, tal vez
porque no le gustaban los guiones que cayeron en sus manos. Sin
embargo ha sido una de las actrices más desaprovechadas del cine
español, como lo fue posteriormente Julia Saly, pseudónimo de Julia
Salinero, más conocida como “La Pocha”, una bailarina de flamenco que
desde niña había pisado los tablados del mundo entero.
Julia Saly fue una condesa Bathory muy parecida a la real en “El retorno
del hombre lobo” (1980), esta vez bajo la dirección del propio Paul
Naschy, con un argumento muy semejante al de “La noche de
Walpurgis”. Silvia Aguilar y Beatriz Elorrieta le acompañaban en sus
correrías terroríficas. Pero el problema que tenían estas películas residía
en la personalidad de su creador, excesivamente divo, quien
desaprovechó la ocasión de crear una escuela como la Hammer
centrando todas sus películas en sus propias fantasías personales y no en
crear una atmósfera fantástica.
La agilidad obtenida en los tablaos flamencos paradójicamente
beneficiaron a Julia Saly en sus secuencias de lucha contra el licántropo.
Otra condesa Bathory del cine español fue María Silva en “El retorno de
Walpurgis” (1973) de Carlos Aured, aunque su intervención en esta
ocasión fuera mínima.
“Las hijas de la Oscuridad” (Les levres rouges, 1971) de Harry Kumel
mostraba a la pérfida condesa en el mundo moderno, Delphine Seyrig
vestida con un traje ceñido, resultaba atractiva con sus aires de musa
existencialista. También de producción belga, “Mamá Drácula” (Mama
Dracula, 1980) de Boris Szulzinger, con Louise Fletcher, fue un
auténtico fiasco.
“Sed” (Thirst, 1979) de Rod Hardy nos llegó desde Australia. Una
extraía secta de vampiros modernos acosa a Chantal Contouri, una
descendiente de la condesa Bathory, para atraerla hacia su causa.
Aunque el clima está bien conseguido, el mundo actual resulta nocivo para el tema. A los vampiros les pasa lo mismo que a los cowboys y a los
pistoleros del Far West, son fruto de una época determinada. La
literatura del tema más brillante pertenece al siglo XIX, aunque su éxito
cinematográfico se haya producido en el veinte.
Por eso la mayoría de los intentos de adaptación al mundo moderno
resultan baldíos, los vampiros son seres anacrónicos, no pertenecen a
nuestra época y se ven desplazados. Pero ese tema ya será tratado más
adelante.
Si la condesa Bathory ha tenido una carrera cinematográfica muy
irregular, en cambio la vampira de Sheridan Le Fanu ha gozado de
mejores adaptaciones, empezando por la versión muy libre de Carl
Theodor Dreyer, “La bruja vampiro” (Vampyr, ou l’etrange aventure de
David Gray, 1932), con secuencias magistrales como el entierro visto
desde el propio ataúd. Pero como todas las películas excesivamente
arriesgadas, fracasó en taquilla y la crítica la machacó, hundiendo la
carrera de su realizador. Actualmente está considerada una obra maestra
indiscutible, aunque se haya distribuido en muy pocas ocasiones.
Ya en la plena eclosión del cine fantástico europeo en los sesenta, “Et
mourir de plaisir” (1960) de Roger Vadim, con Annette Vadim como
Carmilla y Mel Ferrer como Leopoldo von Karnstein, era una versión
erotizada que no gustó prácticamente a nadie debido a la falta de
personalidad de su director. Sólo se salvaba la fotografía de Claude
Renoir, único elemento positivo, desperdiciándose por defecto de
dirección la presencia de Elsa Martinelli, en cuanto Annette Vadim no
fue más que un pálido remedo de Brigitte Bardot, entonces en su apogeo.
Mucho más interesante fue “La maldición de los Karnstein” (1962) de
Camillo Mastrocinque, una coproducción hispanoitaliana, con
Christopher Lee como el conde Ludwig Karnstein. a pesar de ser una
película de modesto presupuesto, está realizada con corrección y total seriedad, permaneciendo fiel al espíritu del Sheridan Le Fanu.
“Los amantes vampiro” (The Vampire Lovers, 1970) de Roy Ward
Baker es, al menos para mí, la mejor adaptación de “Carmilla” con una
Ingrid Pitt soberbia en su papel de vampira lésbica. Peter Cushing, será
su oponente en un papel muy similar al profesor Van Helsing.
Roy Ward Baker ha sabido captar de un lado toda la atmósfera
victoriana de las películas Hammer, y al mismo tiempo ese erotismo
sublimado de la amoral novela de Le Fanu, contando con la presencia de
Ingrid Pitt, una actriz de exquisita presencia que supo darle a su
personaje ese aire pérfido y sensual.
Tudor Gates, el guionista, ante los excelentes resultados nos ofreció dos
obras menores sobre el mismo tema, “Drácula y las mellizas” (Twins of
Evil, 1971) de John Hough y “Lujuria para un vampiro” (Lust for a
Vampire, 1971) de Jimmy Sangster, donde reencontramos la atmósfera
pero no la sensualidad de la versión de Roy Ward Baker, el mejor
realizador británico del género después de Terence Fisher.
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LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

Mensaje  Loki[Admin] el Miér Mayo 26, 2010 1:03 am

La sobrevalorada “La novia ensangrentada” (1972) de Vicente Aranda
es una adaptación descafeinada de “Carmilla”, aquí encarnada por una
actriz de agradable presencia Alexandra Bastedo y su víctima será
Maribel Martín. El error de Aranda consiste en despreciar a Sheridan Le
Fanu eliminando el carácter vampírico de Carmilla, convertida en un
extraño espectro del pasado.
Aranda aprovecha para colocarnos el consabido discurso feminista. Una
recién casada, obsesionada con una especie de fobia al sexo, se
encuentra con un marido que tiene muchas ganas de disfrutar de las
delicias del himeneo. En una playa se encontrarán una mujer desnuda a
la que acogerán en su casa, es Carmilla quien tras seducir a la esposa
atacarán a tan cálido esposo (Simón Andreu).
De todas formas, Vicente Aranda consigue una eficiente realización y algunos momentos fantásticos, por lo que es de lamentar no haya sido
más fiel a la novela original. Recordemos finalmente “La hija de
Drácula” (1972) de Jesús Franco, con Soledad Miranda, y todas las
realizadas por el francés Jean Rollin, mezcla de erotismo y fantástico.
Jesús Franco ha dado vida a varias películas vampíricas como la
mencionada más arriba, “El conde Drácula” (1970) con el propio
Christopher Lee y “Drácula contra Frankenstein” (1972). Autor de culto
pese a su marginalidad, Jesús Franco es autor de una filmografía
abundante que cuenta con un humor soterrado y una personal habilidad
para la creación de atmósferas. “Killer Barbys contra Drácula” (2002) es
su última aportación al mito.
La realizadora Gabrielle Beaumont nos ofreció una visión femenina de
“Carmilla” (1989), esta vez con el rostro de Meg Tilly y con Roddy
McDowall en el papel del Inspector. Pese al paso del tiempo el mundo
de Sheridan Le Fanu sigue vigente.
El vampiro moderno
Tal como he mencionado, el cine de vampiros pertenece a una época
determinada, como el western, género que sacado de su contexto queda
falsificado y nulo, recordando aquellos infectos subproductos realizados
por españoles e italianos en los sesenta, degenerando incluso en la
lamentable serie Trinidad de tan nefasto recuerdo.
La falsificación del ambiente y de los personajes anulaba cualquier
pretensión de contar una historia mínimamente coherente, problema que
en cierto modo tuvo el noventa por ciento del cine fantástico español,
que renegando de la esencia de su propio país, pretendía hacer pasar por
países extranjeros unos abruptos paisajes meridionales.
Al enfrentarse el mundo real con el imaginario, quedaba éste en ridículo
por no ser creíble el anterior. El problema de adaptar un relato al mundo
moderno resulta muy parecido, por eso la mayoría de las cintas
producidas en los años ochenta son completamente nefastas porque el
vampiro no puede integrarse perfectamente en la era del ordenador, los
viajes espaciales y del rock and roll.
He de aclarar que el cine fantástico siempre ha tenido excelentes
películas y otras verdaderamente lamentables, es una cuestión de
imaginación no de época, como hacen algunos que confunden
conceptos. Por ejemplo ”Transylvania 6 - 500” (Transylvania 6 - 500,
1985) de Rudy De Luca es un sabotaje fílmico del que sólo merece
salvarse la aparición de una sexy Geena Davis como vampira. El film no
es malo porque es moderno, sino porque el guión es verdaderamente
infumable y la realización imposible.
Películas como “Turno de noche” (Graveyard Shift, 1989) de Gerard
Ciccoritti, “Los viajeros de la noche” (Near Dark, 1987) de Kathryn
Bigelow, “Mordiscos peligrosos” (Once Bitten, 1986) de Howard Storm
y otras similares no resisten el menor análisis dada la falsedad de su
planteamiento. Por eso, los directores más astutos buscan en el mundo
moderno aquellas ciudades americanas o europeas que en cierto modo
vivan ancladas en el pasado.
Un buen ejemplo de modernización inteligente es la serie “El misterio de
Salem’s Lot” (Salem’s Lot, 1979) de Tobe Hooper, basado en una
novela de Stephen King, que conoció una versión condensada para el
cine, “Phantasma II”, y una secuela “Return to Salem’s Lot” (1987),
mostrando una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra con sus casas
antiguas que sí encajan en un contexto romántico.
El vampiro mayor, encarnado en la primera entrega por Reggie Nalder
tiene un aire cadavérico, semejante al Nosferatu de Murnau, superando la caracterización caricaturesca de Klaus Kinski en la versión de Werner
Herzog.
Tobe Hooper buscó una interesante aportación al tema con “Lifeforce-
Fuerza vital” (Lifeforce, 1985) con una horda de vampiros venidos del
espacio, destacando la sensualidad de la actriz francesa Mathilda May,
absorbiendo la energía de las personas que se encuentra a su paso.
Finalmente una nave espacial, desde los aires irá masacrando en masa a
los ciudadanos londinenses hasta que el héroe, enamorado de su
enemiga, decidirá atravesarse con ella en una unión de sangre y de
muerte.
”Dark Shadows” (1966) de Dan Curtis, fue una serie sobre las andanzas
del vampiro Barnabás Collins, interpretado por Jonathan Frid, que
originó dos largometrajes para la pantalla grande, “Sombras en la
oscuridad” (House of Dark Shadows, 1970) y “Night of Dark Shadows”
(1971) donde por desgracia desaparece el personaje del vampiro.
Finalmente la serie conoció un remake, “Vampiros” (Dark Shadows,
1989) del mismo director, pero con Ben Cross como protagonista y la
reaparición esperada de Barbara Steele en el género fantástico, aunque
por desgracia esta nueva versión no conoció el éxito de la primera.
De nuevo encontramos ambiente provincianos, casas que parecen
haberse construido en la época de Abraham Lincoln, lejos de los diseños
rectilíneos del mundo moderno.
Una adaptación moderna la dio Tony Scott con “El ansia” (The Hunger,
1983) con un triángulo excepcional, Catherine Deneuve, David Bowie y
Susan Sarandon, los dos primeros son un matrimonio de vampiros
sedientos de sangre, pero la esposa decide deshacerse de su compañero y
sustituirlo por la compañía de otra mujer. Basado en una novela exitosa
de Witley Streiber, conocemos a Myriam (Catherine Deneuve), una
vampira con muchos siglos de existencia que termina por seducir a una doctora (Susan Sarandon) que estudia los secretos de la inmortalidad.
Un film de culto para los amantes del género, como lo es también el
díptico “Noche de miedo” (Fright Night, 1985) de Tom Holland y su
continuación “Noche de miedo II” (Fright Night II, 1988) de Tommy
Lee Wallace. En la primera Charley Brewster (William Ragsdale) tratará
de conseguir el amor de su chica, Amy (Amanda Bearse), pero un
vampiro vecino suyo (excelente Chris Sarandon) se la disputará. Para
vencerlo necesitará la ayuda de Peter Vincent (genial Roddy McDowall),
un atribulado actor especialista en encarnar cazavampiros de pega en la
televisión y que que acabará por vivir su papel en la vida normal.
En la segunda entrega, la hermana del vampiro de la primera parte,
Regine (Julie Carmen, igualmente seductora), intentará conquistar al
joven Charley por lo que esta vez será la chica quien luchará para
conservarle.
En 1994, la autora Anne Rice pudo por fin ver en imágenes su popular
novela vampírica. “Entrevista con el vampiro” (Interview with the
Vampire, 1994) de Neil Jordan, con tres revivientes homosexuales,
mostró la faz suave de Tom Cruise como el célebre Lestat, uno de los
personajes más celebrados de la literatura moderna. El español Antonio
Banderas puede desquitarse por fin de haber perdido el personaje de
Drácula, que fue a caer a manos de Gary Oldman, en la versión de
Coppola. Sus facciones son demasiado blandas para el vampiro de
Stoker, pero encaja mejor en el mundo afeminado de Anne Rice al igual
que Brad Pitt y Tom Cruise. Aunque en Estados Unidos el film triunfó,
gracias a una bien cuidada puesta en imágenes, al público femenino le
causó un gran disgusto ver a sus sex symbols preferidos convertidos en
un trío gay, todo lo contrario del masculino al que les encantar ver a sus
actrices predilectas encarnando personajes sáficos.
El film de Jordan se inicia en Nueva Orleáns, a finales del siglo XVIII, cuando Louis de Pointe du Lac (Brad Pitt) trata de matar al vampiro
Lestat (Tom Cruise) por haber dado muerte a su esposa y a su hija, pero
sin embargo caerá en sus redes amatorias.
Dos siglos después, un periodista (Christian Slater) entrevistará en San
Francisco al vampiro Pointe du Lac, quien contará cómo fue seducido
por Lestat, y su peregrinar por Europa, conociendo en París final del
siglo XIX a otros dos vampiros homosexuales, Santiago (Stephen Rea) y
Armand (Antonio Banderas).
Anna Rice, también autora del guión, se indignó verdaderamente cuando
le comunicaron que el blando Tom Cruise iba a encarnar al diabólico
Lestat, pero los esfuerzos de este actor para romper su encasillamiento
de “niño bonito”, ayudado por un trabajo riguroso de interpretación
convencieron finalmente a la célebre escritora quien no ha dudado ni un
instante en reconocer la valía de Cruise en su nueva imagen.
Tras perder siete kilos de peso, el sex symbol del nuevo cine americano
adquiere una inusitada fiereza, destacando la ambientación gótica creada
por el realizador irlandés Neil Jordan, autor asimismo de dos
memorables aportaciones al fantástico: “En compañía de lobos” (The
company of wolves, 1982), exquisita incursión al tema licantrópico, y
“El hotel de los fantasmas” (High spirits, 1988) protagonizada por la
espléndida Daryl Hannah.
Quentin Tarantino es uno de los nombres fundamentales del cine de los
noventa, gracias a sus interminables diálogos y su alocada violencia.
Unido su talento al del realizador Roberto Rodríguez, un hispano de
Hollywood, el tándem nos ofrece uno de sus films más frenéticos:
“Abierto hasta el amanecer” (From Dusk till Dawn, 1996) que en sólo
cuatro semanas recaudó unos 24 millones de dólares.
Dos peligrosos delincuentes norteamericanos (George Clooney y el
propio Quentin Tarantino, autor del guión) cruzan la frontera mexicana y dan con sus huesos en un insólito local llamado Titty Twister (la Teta
Enroscada), en donde se encuentran toda una legión de vampiros.
Destaca el numero musical de la vedette del local de extraño nombre,
Santanico Pandemonium (impresionante Salma Hayek, una belleza
azteca), que nos cortará la respiración con su espectacular bikini,
danzando con una serpiente de dos metros sobre sus hombros, y
sobretodo por dar a beber cerveza derramándola a lo largo de su esbelto
cuerpo. La pareja de delincuentes se verán forzados a emular a Van
Helsing, enfrentándose con la horda vampírica con ajos, cruces y agua
bendita.
El realizador Roberto Rodríguez, a pesar de ser vapuleado por la crítica,
alegró a su legión de admiradores, apoyado por el inestimable concurso
de Quentin Tarantino y de los actores Juliette Lewis y Harvey Keitel.
“Van Helsing” (2004) de Stephen Sommers es la última aportación al
mito, con un Hugh Jackman que recrea a un profesor muy diferente al
acostumbrado. Un héroe solitario a la usanza de los antiguos pistoleros
del lejano oeste enfrentado a un conde Drácula (Richard Roxburgh)
demoníaco. La película cuenta con excelentes efectos especiales, propios
de la Revolución Digital actual, pero también con una interesante
atmósfera y la presencia de unas novias del vampiro que son todas unas
auténticas diablesas, como las “Ieles” de Transilvania de las que hemos
hablado en otro apartado.
Vlad Tepes IV, el Empalador
Los personajes de ficción con filmografía más copiosa son, sin ninguna
duda, el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein, Tarzán de los
monos y Sherlock Holmes, un cuarteto de distinguidos caballeros que, a pesar de sus altibajos, parodias, crisis periódicas, han ido venciendo el
paso del tiempo. La importancia que ha tenido el personaje de Bram
Stoker es indudable y ha traído como consecuencia que varios films se
interesaran por la figura histórica de Vlad Tepes, el temible Empalador,
aunque siempre desde perspectivas contrapuestas.
Así en “Pa jakt efter Dracula” (In search of Dracula, 1971) de Calvin
Floyd y Tony Forsberg, un documental narrado por Christopher Lee, nos
encontramos con la descripción de los hechos más significativos de tan
célebre caudillo rumano. Vista en una de las últimas ediciones del
Festival de Sitges de la Era Ráfales, la Rumania de Nicolás Ceaucescu
nos presentí un largo y tedioso film en cinemascope, “The true life of
Dracula” (1979) del fallecido Doru Nastase, con Stefan Sileanu en el
papel de Vlad Tepes,. Se trata de una lujosa biografía de este “héroe
nacional”, una especie de Cid Campeador, con el cual se intentó
reivindicar la figura del Empalador pero, claro, no tenía ningún Anthony
Mann en su realización ni ningún Charlton Heston en la cabecera del
reparto.
El film de Nastase, muy bienintencionado, sin embargo resulta arrítmico,
escasamente ameno y difícilmente digerible. Le falta poesía, encanto,
vigor.
Pero las campañas rumanas para reivindicar a Drácula, organizando
excursiones turísticas a su castillo, consiguieron que en las siguientes
versiones cinematográficas de la novela de Bram Stoker se hicieran
referencias más explícitas a su pasado humano. Así Jack Palance, en el
“Dracula” (1973) de Dan Curtis, asumió el doble papel del Empalador y
del vampiro. Resulta muy curiosa la escasa aceptación de la crítica
basándose en una circunstancia que voy a narrar a continuación.
Es sabido que Vlad Tepes era descendiente directo de Atila, el rey de los
hunos, invasor y conquistador de Europa, y el propio conde Drácula le confiesa a Jonathan Harker que “la sangre de Atila corre por mis venas”.
Jack Palance, el excelente característico del cine americano, protagonizó
la muy interesante “Atila, rey de los hunos” (Sign of the Pagan, 1954) de
Douglas Sirk, encarnado con total convicción al terrible caudillo.
Palance es pues el único actor que ha interpretado en su carrera a los tres
personajes descritos: Atila, su descendiente Vlad Tepes, y el propio
conde Drácula. Cuando el mencionado “Drácula” se estrenó, los críticos
americanos osaron escribir: “Jack Palance es un pésimo Drácula porque
tiene ¡la cara de Atila!”.
Gary Oldman también encarnó a Vlad Tepes en las primeras imágenes
de la versión de Francis Ford Coppola de 1991, una de la más
importantes y también más discutida. Pero si para los rumanos el
Empalador era un héroe, para los turcos era un perfecto bellaco porque
hizo masacrar poblaciones enteras de otomanos y se convirtió en
consecuencia en uno de los villanos predilectos del cine rodado en la
antigua Constantinopla.
Así, el insólito “Dracula Istanbul’da” (1953) de Mehmet Muhtar, basada
en la novela “Kazikli Voyvoda” (el voivoda empalador) de Ali Riza
Seyfi, el vampiro pasaba a llamarse Vlad Drácula, ligando al personaje
histórico con el ficticio por vez primera ya que en Occidente nunca
habíamos oído hablar del Empalador. En cambio en Turquía jamás se le
había olvidado por sus masacres de turcos durante la invasión del
Imperio Otomano.
En la revista cinematográfica “Yildiz” (Estrella), al estrenarse el film,
precisaron que “El conde Drácula es un vampiro que se alimenta de
sangre humana. Durante su vida, hizo asesinar, sin ninguna razón,
40.000 turcos de Rumania empalándolos. Maldito para los musulmanes,
fue condenado por Alí a prolongar su existencia durante los siglos
venideros bebiendo la sangre de los seres humanos”.
Cíneyt Arkin, galán muy celebrado en Turquía, inició una serie de films
con “Karat Murat” (1972) de Natuk Baytan, dedicado a una especie de
“mosquetero” del Sultán Mohammed II el Conquistador llamado como el
título del film. Al inicio, el joven héroe es obligado por el bellaco Vlad
Tepes a ejecutar al emisario del Sultán, Yunus Bey, cortándole las
piernas y los brazos. Al paso de los años, Karat Murat (Murat el Negro)
se convertirá en un héroe que acabará por dar muerte al terrible
Empalador.
En “Karaboga” (1974) de Yavuz Figenli, el Empalador es el Gran
Maestro de una Secta Satánica. De nuevo Cíneyt Arkin protagoniza la
serie de televisión “Malkocoglu” (1974) de Sureyya Duru, sobre un
valeroso guerrero de la Corte otomana del siglo XV quien se enfrentará a
Vlad Tepes en una de sus aventuras.
Tanto el film rumano como los turcos dan una imagen discrepante del
mismo personaje histórico. La razón es muy evidente, los “malos” son
los otros como decía aquel viejo chiste en que unos indios van al cine
para ver un western y salen malhumorados de la sala diciendo: “No me
gusta el cine porque siempre ganan los malos”.
Los turcos acusan a Vlad Tepes de invadir Bulgaria asesinando a 29.000
personas, (20) de ser un traidor y un genocida cuyas atrocidades helaron
la sangre del Sultán Mohammed II el Conquistador. Pero en Rumania
piensan todo lo contrario, gracias a Vlad Tepes el Imperio Otomano no
pudo cruzar la frontera del Danubio. Ironías de la historia, la moral la
dicta quien la escribe.
Una entrevista con Terence Fisher
En octubre de 1976, Terence Fisher fue invitado de honor el Festival de
Cine Fantástico y de Terror de la Villa de Sitges. En su presencia, los
afortunados aficionados asistentes, pudimos descubrir alguna parte de su
filmografía que los distribuidores (o los censores) españoles nos habían
escamoteado injustamente. Recuerdo con gran felicidad aquel día en que
me citó en el hall del Hotel Calípolis de Sitges a primera hora de la
mañana. Yo fui muy puntual, como es mi costumbre ya que detesto
llegar tarde a las citas, y sorprendentemente, el realizador británico ya
me estaba esperando mientras que por lo general, en otras ocasiones, los
entrevistados me han hecho perder tiempo en una inútil espera.
Fisher era un hombre muy cordial, simpático, y menudo de talla. En
aquella misma edición estuvo presente Freddie Francis, de quien por
cierto no podemos decir lo mismo, ya que es un hombre de carácter
áspero. Diez años después, en el mismo lugar, conocí a Christopher Lee
que en un principio me dio una impresión desagradable por su pésimo
talante aunque en un segundo encuentro me trató de una forma mucho
más cordial.
Estos diez años de diferencia marcaban dos estilos diferentes de
organizar el Festival de Sitges, el de Ráfales y el de Goas. El primero
tenía mayor calor humano, los personajes invitados convivían con los
amantes del género y todos nos hacíamos amigos. En cambio, la segunda
etapa tenía mayor presupuesto económico. Si Ráfales organizaba el
certamen con tres millones y medio, Goas acabó haciéndolo con
presupuestos de ochenta millones. Sin embargo la diferencia económica
nunca supuso ningún aumento de calidad porque el nuevo equipo nunca
amó el género fantástico y eso se les notaba demasiado.
En la época Goas todos los personajes invitados eran inaccesibles al gran
público, se había perdido aquel calor humano característico de la anterior
etapa y el clima se fue deteriorando cada año hasta que el Festival de
Sitges acabó convirtiéndose en una sombra de sí mismo. Desde mi punto
de vista, la Generalitat han realizado una política cinematográfica
equivocada desde el primer día de su restauración. Dicen que el Estado
es mal empresario, pero es peor productor de cine. Su labor en el
Festival de Sitges así lo demuestra. (33)
Afortunadamente, en octubre de 1976, el Festival aún pertenecía al
amigo Ráfales, y los amantes del Séptimo Arte podíamos convivir y
codearnos con la créme de la créme del género. Gracias a este
maravillosa circunstancia pude encontrarme con el realizador que marcó
una época dorada en el cine fantástico internacional. (34)
¿Cómo definiría sus films, mister Fisher?
- Como cuentos de hadas para adultos.
¿Conoce el cine fantástico español?
- Sí y no me gustan nada. Hay demasiada sexo y violencia. Ello ocurre
no sólo en este país sino también en otros. La excesiva violencia parte de
una cultura violenta pero también por motivos mercantiles, aunque la
gente que las rueden crean en ella. No he visto muchas películas
fantásticas españolas porque en Inglaterra se distribuyen muy poco. En
España existe una censura muy fuerte ¿no? ¿Es difícil rodar películas
aquí?
”Las películas españolas suelen tener doble versión. La extranjera tiene
demasiados desnudos generalmente gratuitos, no tienen ninguna
justificación y aparecen sin más ni más. Yo estoy por la libertad si se usa
bien.
Pero en su cine había erotismo
- Yo saco el erotismo cuando la trama lo exige. Ahora se hace para sacar
dinero.
En cierta clase de cine fantástico existe una misoginia galopante. Las
mujeres son siempre las víctimas y se asustan demasiado fácilmente.
- ¡Lógico! eso forma parte de su psicología. Es natural que se sienta
miedo ante el peligro ¿quién no?.
¿Me puede hablar de los actores de cine fantástico?
- Christopher Lee es un soberbio Drácula. No creo que ningún actor
haya trabajado este papel como él. Su porte y sus movimientos están
muy cuidados. Lee tiene gran habilidad en dar emoción a sus escenas.
Bela Lugosi no tenía sex apel, carecía del atractivo sexual de Lee. éste
tenía en primer lugar un fuerte elemento de sexo, como con las dos
jóvenes de la casa, Lucy y Mina. Es lógico poner sexo en estas
situaciones. La actuación de ambos era muy distinta. Bela Lugosi era
todo melodrama, Christopher Lee era pura realidad. El Diablo siempre
tiene su atractivo.
“Peter Cushing era un soberbio Van Helsing, un actor muy agradable. El
barón de Frankenstein quería ayudar a la humanidad, estaba obcecado
con sus ideales. Creía que su monstruo era un hombre, quería hacer el
hombre perfecto. El doctor era cada vez más cruel y llegaba hasta el
asesinato. En ”La maldición de Frankenstein” (Curse of Frankenstein,
1957) mataba a otro científico para construir a su hombre. Era muy
cruel.
“Trabajó con Boris Karloff en unos telefilmes de la serie ”Colonel
March of Scottland Yard”. Era un hombre muy gentil. Su interpretación
de monstruo de Frankenstein en la época de la Universal era muy buena.
De situaciones muy simples él sacaba gran provecho.
¿Qué opina de los demás directores de la Hammer como, por ejemplo,
Roy Ward Baker?
- Prefiero reservarme mi opinión sobre el particular porque no me gusta
juzgar a mis compañeros. Sin embargo le dirá que ese señor a quién cita
me parece muy buen director.
La escena más difícil.
- Mi primer Frankenstein porque existían otras versiones muy famosas y
temí que mi película saliera malparada en la comparación. Estuve
aterrorizado durante el rodaje. Le confesará una cosa ¿sabe que no vi
esas series en blanco y negro hasta que hubiera rodado mis primeras
películas de terror? No quería me influyeran su visión y por instinto las
imitara. Después las vi y me gustaron mucho.
¿Cual película prefiere del periodo de los años treinta?
- ”La novia de Frankenstein” (The bride of Frankenstein, 1935) de James
Whale, sin duda.
¿Le interesa la SF?
- Sí, es un género que empieza ahora. Es algo más que los seres
monstruosos del otro mundo. La SF me interesa, me gusta mucho el
”2001, una odisea del espacio” (2001: A Space Odyssey, 1968) de
Stanley Kubrick.
En su serie de Frankenstein da más importancia al creador que a su
monstruo, al reves que la Universal ¿por qué?
- Porque el doctor Frankenstein creí al monstruo, es un personaje que yo
encontré más importante.
¿Cuales son sus películas favoritas entre las que usted ha dirigido?
- ”Drácula” (Horror of Dracula, 1958) por ser una película muy
compacta y ”Curse of the werewolf” (1961) porque es una historia de
amor.
Entrevista realizada por Salvador Sáinz en octubre de 1976.
Diccionario vampírico:
Este diccionario procede en mayor parte del libro “La Mythologie du
vampire en Roumanie” de Adrien Cremene, publicado por Editions du
Rocher, París, 1981, pero asimismo de informaciones recopiladas por el
autor de este libro. La mayor parte de las palabras mencionadas proceden
de la antigua Transilvania, añadiéndoles la de procedencia hispana.
Aratare: aparición, fantasma, espectro…
Aripa Satanei: "La isla de la diablesa", ver Samca.
Astruc, astruga: derivado de Estruc, quiere decir afortunado en lengua
catalana.
Astrugància: suerte o fortuna en catalán (en las expresiones “bona
astrugància” o “mala astrugància” según se tenga buena o mala fortuna).
Balaur: dragón. Ser fabuloso que mandaba las brumas, las nieblas y el
curso de las aguas subterráneas.
Bobon, boboana: nombre regional del “strigoï” y de la “strigoaïca”.
Cuchillo: instrumento a menudo utilizado por los “strigoï” y las brujas
para la suerte de “poceala” (especie de afeamiento mágico).
Curcoï: otro nombre del “strigoï”.
Curoï: otro nombre del “strigoï”.
Deochetor, deochetoare: echador o echadora de mala suerte o del mal de
ojo.
Dip: perro vampiro, leyenda perteneciente a la parte sur de Cataluña.
Dragón: diablo.
Drácula: el hijo del dragón. Apodo de Vlad Tepes, hijo de Vlad Dracul.
Ecangue: en rumano “melita”. Instrumento utilizado para moler la caña
de linaza o de cáñamo. También se utiliza para golpear a los ”strigoïs”
durante la noche de San Andrés.
Estruch (o Estruc): leyenda catalana de “estrugas”, como eran conocidos
los “strigoïs” en el Ampurdán.
Gallo: está vinculado al sol y anuncia su llegada. El canto del gallo caza
a los vampiros. Por contra, su muerte deja el campo libre a los espíritus
maléficos. Su sacrificio puede asimismo transformar a los muertos en
“strigoï”.
Gato: animal que pertenece a la vez al día y a la noche. Su paso sobre el
cuerpo de un difunto puede causar que éste se convierta en un “strigoï”.
Hoz: símbolo de la muerte y de la siega. Único instrumento cortante
capaz de cortar la carne de los vampiros.
Ieles: literalmente “las Ellas”, apodo otorgado a dos clases de espíritus
maléficos demasiado peligrosos para ser nombrados por su nombre.
1. Tres brujas maléficas, dueñas de los aires, llamadas Catrina, Marina y
Zalina. Ellas dominan los malos vientos, provocando tempestades y
volviendo impotentes a los jóvenes. Se las temía tanto que nadie se
atrevía a darles un apodo para insultarlas y se les llamaba “frumoase”
(bellas), “maiestre” (amas), ”dînsele” (las Ellas), etc.
2. Las estriges también eran llamadas de la misma manera.
Loajnice: nombre transilvano de las “strigoaïca”.
Lobishome: licántropo de la mitología galaica, radicado en Galicia, que
afecta al séptimo hijo varón o que, en otras versiones, se produce por
maldición paterna. Se conocen muchos relatos de la época de la
Inquisición. A principios del siglo XX se produjo una leyenda
protagonizada por una mujer-loba. Una rapaza amputó la mano de su
padrastro que intentó violarla, siendo maldecida por su propia madre que la convirtió en loba.
Mama-padurii: “la madre del bosque”. Espíritu maléfico con forma de
anciana de largos cabellos revueltos y garras de oso. Se decía que
lanzaba maleficios y comía carne humana.
Maná: la esencia, la parte positiva de una cosa. El maná de la leche o del
trigo es una de las actividades esenciales de un “strigoï” en su primera
vida.
Miaza noptii: literalmente “medianoche”. Otro nombre de “Mamapadurii”.
Moroanca: otro nombre de “moroaïca”.
Moroï, moroaïca: niño nacido muerto o neófitos asesinados por su madre
antes de ser bautizados y que se convierte en vampiro para vengarse.
Muroï, muroaïaca: otros nombres de los “moroï” y las “moroaïca”.
Muron, muroana: otros nombres de los “moroï” y las “moroaïca”.
Naluca: un nombre de los fantasmas.
Nametenii: otro nombre de los fantasmas.
Necurat: apodo dado a todo espiritu maléfico del que no se desea
pronunciar el verdadero nombre. Significa literalmente “el malo” y se
aplica tanto al diablo como a los vampiros.
Nosferat: especie de vampiro rumano. Se supone que es una mala
transcripción de la palabra “necurat”, repetida después por diversos
autores.
Nosferatu: no muerto.
Orgoï: otro nombre del “moroï”.
Perro: animal vinculado al infierno. Su paso sobre el cuerpo de un
cadáver puede transformarle en un “strigoï”. Cuando el “pryccolitch” se
transforma en perro, se convierte en “ogar” (nombre rumano de una
especie de galgo).
Potca: mala suerte. Se creía que la “potca” poseía una personalidad
propia, en algunos exorcismos solía utilizarse ese nombre como si fuera
una persona.
Procolici: pryccolitc: son seres que, víctimas de una maldición, se
transforman en licántropos (hombres-lobo); esta transformación sólo
pueden efectuarse en lugares solitarios libre de toda mirada ajena.
Puternice: literalmente “las fuertes”. Otro nombre de las “ieles”.
Rocío: vapor que se condensa por la mañana y la noche en gotas
menudas sobre las plantas. Si las “strigoaïacas” las robaban privaba al
campo de su fecundidad que era transferida al campo de la ladrona.
Rusalii: hadas aéreas que viajaban a través de los vientos, eran
benefactoras o dañinas según se tercie.
Samca: llamada también Avestita, Baba Coaja, el ala de la diablesa, etc.
Espíritu maléfico que tenía un aspecto mitad oso mitad anciana, que
caminaba a cuatro pies y se alimentaba de sangre humana. Reina de los
malos espíritus, se la consideraba como más poderosa y más pérfida que
el mismo diablo.
Samodiva: nombre dado al espiritu de la muerte.
Santa Walburga: la patrona de las brujas. Nació en Inglaterra en 710 y
murió en el 778. Era una monja benedictina que fue llamada a Inglaterra
por San Bonifacio, residiendo en unos monasterios de la zona de la
Selva Negra alemana. Cultivó las artes mágicas, al igual que otros
monjes y monjas. Su sepulcro fue trasladado durante el siglo IX a
Eichstaedt, atrayendo numerosos peregrinos. Su fiesta se celebra la
noche del 1 de mayo, la célebre Noche de Walpurgis, en la que, según
las leyendas populares, se reunían las hechiceras y los demonios en el
Brocken (Alemania).
Sisca, siscoï: adepto del rey Salomón (en la aceptación que en la Edad Media tenía este término, ya que Salomón era considerado maestro de las ciencias ocultas).
Stafie: nombre más corriente del fantasma en Rumanía.
Striga: gritar. Al parecer las palabras “strige” y “strigoï” les fueron dadas
porque gritaban en alta voz.
Striga: strige. Vampiro, bruja anciana que continuaba sus actividades
después de morir.
Strigoï, strigoaïaca: nombre genérico de los vampiros en Transilvania.
Salen de sus tumbas y chupan la sangre de sus víctimas mordiéndoles en
el cuello, convirtiéndoles asimismo en vampiros una vez muertas. Para
convertirse en uno de ellos basta con haber sido maldito por una
comadrona que haya asistido al parto o bien ser el séptimo hijo o hija,
como en las leyendas de licántropos, e incluso por haber nacido
pelirrojo.
Svircolac: otro nombre de “vercolac”.
Tricolici: “triccolitch”, otro nombre del “pryccolitch”.
Vampiro: nombre occidental del “strigoï”. Según el diccionario, es un
cadáver que según creencia popular salía de noche de las tumbas para
chupar la sangre de los vivos. Persona que se enriquece con el trabajo
ajeno. Otra denominación se refiere a un género de mamíferos
quirópteros de la América tropical que se alimentan con frutas, insectos
y chupan la sangre del hombre y los animales dormidos.
Vircolac: “vercolac”, vampiro producido por un incesto entre hermano y
hermana. Tienen la facultad de provocar eclipses de sol y de luna. Se les
puede descubrir cuando duermen porque sus cuerpos se vuelven fríos
como los de un cadáver.
Vrajitor, vrajitoare: brujo, bruja (de la palabra “vraja”: hechizo).
Wurdalak: nombre dado a los vampiros en Rusia.
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Limelight Editions, Nueva York, 1993
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“El mundo secreto de Tod Browning”
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TORRES, SARA
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"Sombra y asombro de los vampiros"
Ayuntamiento de Donostia, Patronato de Cultura, San Sebastian, 1991
VARIOS AUTORES
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VARIOS AUTORES
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”Special Dracula”
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Revistas:
Midi-Minuit fantastique (París)
L’Ecran Fantastique (París)
Fantastyka (París)
Famous Monsters of Filmland (Hollywood)
Terror Fantastic (Barcelona)
Pantallas y Escenarios (Zaragoza)
“Somos” Nº 100, especial 100 años cine mexicano, (Míxico, 1996)
Fanzines:
Transylvania Express, Reus, 1980
El Merodeador, Madrid, 1994
Imagen Death, Toledo, 1995.
Lhork, Madrid, 1995.
Xicóatl, Salzburgo (Austria), 1996
Agradecimientos:
Christie Levin, Fernando Alonso Barahona, José María Alvarez Betriu,
Arturo de Bobadilla, Xavier Daniel, Luis Alfredo Duarte Herrera,
Eugeni Fraile La Ossa, Manuel Ferrer Salvador, Antoine Fraivre,
Arialdo Giménez, Pierre Gires, Teresa Guitart, José Manuel Hernando
Llorens, Mike Hostench, Narciso Ibáñez Menta, Jean Marigny, Jorge
Martínez Villaseñor, Juan Montilla Eslava, Javier L. Perea, Luis Pérez
Bastias, Jean-Pierre Piton, José María Ponce, Joan Proubasta, Narcís
Ribot Trafí, Ramón Serinyá, Alain Schlockoff, Manolo Valencia, Phil
White.
Notas al margen
1/ “Genesis Rabba” fue recopilado en el siglo V en Palestina. Lilith ha
tenido escasas apariciones cinematográficas, recordemos “Lilith and Ly”
(1919) de Drich Kober, “The Mark of Lilith” (1986) de Polly Gladwin y,
la mejor de todas, “La luna negra” (1990) de Imanol Uribe,
protagonizada por Amparo Muñoz.
2/ En Asturias existe un mito semejante a las lamias, se llamaban las
“xianas” que residían en los ríos. De gran hermosura seducían y
ahogaban a los jóvenes.
3/ El condado de Ampurias fue una antigua colonia griega ya que, según
su mitología, se creía que en esta zona se hallaba el Jardín de las
Hespérides, en el cual crecían unos árboles extraordinarios cuyos frutos
eran manzanas de oro. Los griegos de la ciudad Focea, situada en Asia
Menor, fundaron en el año 575 aC una colonia que se llamó Emporión.
Los romanos desembarcaron en el 218 aC, durante su guerra contra los
cartagineses, y desde entonces pasó a llamarse Emporiae.
4/ Los hijos de los upiros de Transilvania nacían sin huesos, razón por la
cual fallecían no más nacer.
5/ Líase “Les bruixes de Llers” de Carles Fages de Climent, publicado
en catalán antes de la guerra civil española. También “La cueva de
Marcia” de Salvador Sáinz, publicado como complemento de su novela
“Estruc” (1991), y “Los huéspedes de Estruc” (1996) del mismo autor
publicado en español y alemán en “Xicóatl” Nº 26, un fanzine editado en
Salzburgo (Austria).
6/ Joan Perucho publicó en “Las historias naturales” (1960) una
narración dedicada al vampiro Onofre de Dip ambientado en la guerra
carlista pero ajeno a la leyenda original.
7/ En la villa de Llers se conservan ruinas del castillo del conde Estruc.
Paradójicamente fue destruido en la guerra civil española, en febrero de
1939, tal como nos cuenta Josep Plá en su relato “Destrucció del poble
de Llers”, recopilado en un libro titulado “L’Empordá” , publicado por
Ediciones Destino en 1991.
8/ Años 1167/1173, la primera; 1182/1188, la segunda, cuando Ricardo
se rebeló contra su padre; muerto éste continuaron las contiendas incluso
tras el regreso de aquel de las cruzadas.
9/ El dictador comunista Nicolai Ceaucescu fue quien reivindicó la
memoria de Vlad Tepes, no obstante dicho tirano no tenía nada que
envidiar al voivoda porque sus crímenes fueron también tan numerosos
como horrendos, razón por la cual un movimiento popular derrocó su
gobierno ejecutándole a él y a su esposa.
10/ Para conocer más detalles de la dinastía de los Drácula, leer ”Los
Drácula, Vlad Tepes, el Empalador, y sus antepasados” (1993) de Ralf-
Peter Martin.
11/ Publicado en 1992 por Mondadori (Barcelona)
12/ Aunque el cine siempre nos muestre a los upiros convirtiéndose en
vampiros, es decir murciélagos gigantes, esa transformación no se
corresponde a las leyendas originales porque el reviviente puede
transformarse además en otra clase de animales más corrientes como
perro, gato, mariposa, arañas, o incluso en fenómenos atmosféricos
como la niebla o el viento.
13/ Al venir la democracia y la autonomía, el Ayuntamiento de Reus
para demostrarnos su ignorancia quitó el nombre de Cervantes a una
calle de la ciudad porque era un nombre “franquista”, creemos
sinceramente que el célebre manco hubiera podido dar muchas lecciones
de libertad y de tolerancia a esos demócratas de pega que padecemos
actualmente.
14/ Personaje extraído del “Necronomicón” de H. P. Lovecraft como
homenaje personal.
15/ Junto a la novela “Estruc” aparece un breve relato, “Nace un mito”,
que narra la vampirización de Drácula tras recibir la visita de Doña
Núria, la hija del conde Estruc.
16/ En las Leyes de cine socialistas existía una cláusula que especificaba
que se negaba toda subvención a proyectos de argumento violento, sin
embargo se financian películas ambientadas en la Guerra Civil española
cuyas imágenes eran aún más agresivas y desagradables que muchos
títulos de género fantástico. Véase la sobrevalorada “Libertarias” (1995)
de Vicente Aranda.
17/ Es muy difícil precisar si estos títulos pertenecen o no al tema,
muchas cintas mudas son conocidas por referencias y todos sus
negativos han desaparecido, pero quedan constancia de ellas a través de
críticas o programas de mano. Por ejemplo, Denis Gifford cita
“Hiawatha” (1913) de Hild Hadges, con Joe Biller, cuyo título es el
nombre de un pequeño guerrero indio. No tenemos otra constancia de su
relación con el tema.
18/ Otras fuentes aseguran que Carlos Villarias era mejicano porque
rodó treinta films en los estudios aztecas. Completamente falso, dicho
actor era andaluz.
19/ Actualmente escindido en dos países independientes y capitalistas,
República Checa y Eslovaquia.
20/ Todas las cifras dadas por fuentes turcas sobre los supuestos
genocidios de Vlad Tepes son de dudosa fiabilidad, fruto de la
exageración.
- PRÓLOGO
- Capítulo 1.
- Los orígenes del vampirismo.
Lilith, la primera mujer
El mito del Diablo
Revivientes de la Antigüedad
La leyenda de Estruc
La expansión del mito
El verdadero Drácula
Evolución del mito
La condesa sangrienta
La Edad de Oro del vampirismo
-------------------------
Capítulo 2
El vampiro literario
Bram Stoker
Drácula en la escena
La sombra de Drácula
Capítulo 3
El vampirismo real
Hematodixia
La Porfiria
Vampirismo psíquico
Vampiros patológicos
Peter Kürten "El vampiro de Düsseldorf" (1883-1931)
-------------------------------------------------------------
Capítulo 4
El vampiro en el cine
Condicionamientos históricos
El primer vampiro cinematográfico
Un personaje a la busca de un actor
Bela Lugosi, el Drácula ideal
El vampiro latino
Los vampiros menores
Bathory y Carmilla, reinas de la noche
El vampiro moderno
Vlad Tepes IV, el Empalador
Una entrevista con Terence Fisher
Diccionario vampírico:
Bibliografía
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Re: LOS VAMPIROS, REYES DE LA NOCHE

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